sábado, 10 de noviembre de 2012

En el nombre de Diego, de Messi y del próximo que venga.

Buenos Aires es sin dudas la ciudad de la furia. Aquél día, con 40 grados de calor, entré a una heladería. Mientras elegía los gustos, en la televisión pasaban vídeos de Messi y Maradona. Fue allí cuando me pregunte, ¿quién es mejor?


Maradona- Messi. Messi- Maradona. Los apellidos que trasladan a todos los argentinos, al menos por un ratito, a otro planeta. Al de los sueños, la fantasía, el liderazgo( de Diego), la educación( de Leo). Así quedan, exaltados, victimas de aquella gambeta endemoniada o del pique eléctrico.

Uno terminó su carrera. El otro aún no tiene techo. 
Uno es un jugador "de potrero". El otro de "PlayStation".
Uno desafiaba a los poderosos, a los dueños del fútbol. Los ponía en ridículo. Otro desafía a las leyes de la naturaleza. El trabajo más difícil del mundo es ser estadígrafo de Messi. Va por todo. Sin quererlo. Lo hace.
Hace tiempo todos tenían la camiseta número 10 del Nápoli. Hoy, en el mundo entero, se vende la número 10 del Barcelona.
A Maradona, hoy día, le reclaman un cambio en su actitud, en su forma de actuar. Todos saben que jamás llegará ese día. A Messi quieren involucrarlo en escándalos para que demuestre, que por sus venas, corre sangre criolla. Ese día quizás no llegue.
A uno lo provocaban o insultaban para sacarlo del partido. Él los callaba con su número diez bañada de barro. A otro le imponen récords, algunos casi exagerados, para encontrarle una falla. Para que no pertenezca al Olimpo de los diferentes. Él sigue batiéndolos. 
Uno heredó su personalidad de Villa Fiorito. Pudo enemistarse con poderosos y hasta ganarles. Pero también, por ese "maldito carácter", muchas otras veces le tocó perder. Quedarse solo. Otro tuvo la mejor educación de todas. Fue apadrinado por un tal "Pep Guardiola", que poco sabe de ésto. Ahora, con su salida del Barca, quizás Messi adquiera la personalidad y madurez que muchos le piden. 
Por ahí  no sea necesario que se adueñe de esa cualidad. Porque Messi tiene una capacidad goleadora extraordinaria. Cuando Diego tenía 25 años, había convertido 220 tantos. Messi ya lleva 323 gritos( algunos ya casi ni los grita, los siente).
Maradona fue criticado. Hasta antes del Mundial 86, se esperaba que Diego haga en la selección lo que venía ratificando en Argentinos, Boca, Barcelona, étc. De Messi se espera que en el próximo Mundial demuestre lo que ya todos conocemos como "lo que hace allá, en Barcelona".
Luego de haber hecho la creación más hermosa en México 86, la selección de Diego fue silbada en la Copa América de 1987. Quizás Messi haga alguna jugada digna de un laboratorio futurista en Brasil 2014, y en la Copa América del 2015, lo silben. El fútbol es amor y odio. Nada nuevo.
Los detractores de Maradona quedaron enterrados o escondidos en algún lugar del mundo. Lo mismo sucederá con los difamadores de Messi. Algunos se camuflaran con los que "nunca dudaron de él". Otros se callarán la boca y verán al genio actuar.
Saben que son los elegidos para cargarse un equipo al hombro. Cada uno a su manera. Son competitivos. Insaciables. Completos técnicamente. Más los aguijonean, mejor juegan. Son argentinos.


Maradona es Nápoles. Messi es Barcelona. No tiene sentido compararlos.¿O alguna de las ciudades es más linda que la otra para vivir? Son gustos.
En el día del juicio final, todo lo vivido se reducirá a un simple e insignificante ranking.
Maradona le pasa la posta a Messi. Le entrega el banderín de ídolo. Para que Messi, en algún momento, se la ceda a otro futbolista y pueda formarse la Santísima Trinidad del fútbol argentino. 
Maradona y Messi son cómo el chocolate y la frutilla, por eso no decido compararlos, sino integrarlos. Me fui contento, porque ambos gustos, entraron en mi helado...