miércoles, 24 de abril de 2013

Bastian Schweinsteiger, algo queda de la vieja Alemania.

El nombre Bastian significa el venerado. Son personas con carácter. De temperamento bilioso y un poco nerviosos. Poseen energía de sobra. Les gusta el poder y el mando.

Este nació en un pequeño pueblo de Rosenheim , Alemania. A los 14 años llegó al Bayern Munich y en 2002 debutó en la Bundesliga. Bastian Schweinsteiger es un alemán de raza.



El mejor modelo que podría haber creado Mercedes-Benz. Capitán, con o sin cinta, del Bayern Munich. Soldado de Jupp Heynckes, su entrenador. Tiene el peinado de un oficial nazi y la mirada de un actor de Hollywood. En lo futbolístico, posee una potencia y un golpeo de balón desde fuera del área extraordinarios, al igual que una gran capacidad para los pases cruzados.

Amo y señor de la Bundesliga. Nunca ganó un Mundial. Nunca ganó una Champions League. Siempre llegó. En 2006 y en casa, se despidió en las semifinales frente a Italia. En 2010 se quedó con las manos vacías también en semifinales y ante España, quién luego campeonaría.

En Champions, aplaudió hasta el cansancio la labor del Inter de Mourinho. Fue un contundente 2-0, pero el capitán frío sabía que iba a tener otra oportunidad. Llegó la final en el Allianz Arena, otra vez en casa. Otro planteo mezquino de posesión de balón, esta vez personificado en el Chelsea, lo dejó en la puerta de una consagración europea. Por penales, el equipo del aventurado Di Matteo le ganó al Bayern Munich del comandante Jupp Heynckes. Reconoció otra vez la derrota. Siempre de pie. Ahora con su entrenador preferido. Con el que lo hace capitán entre capitanes.

Ahora, Wembley se empachará de alemanes. Bastian Schweinsteiger está a noventa minutos de llegar por tercera vez a ver La Orejona de cerca. Este jugador alemán conoce la derrota como nadie. La enfrentó noventa y nueve veces. Se levantó cien veces más.

Sobrevive como un perro de montaña al cambio de genética que está sufriendo el jugador alemán. Comandando a Miroslav Klose antes, hoy a Mario Gómez y tal vez mañana al delantero de moda, Robert Lewandowski. Odiado por sus rivales y amado por sus compañeros. Nació para triunfar. Para estar entre los mediocentros más grandes de la historia.

Su gen no falla. Tiene la mirada asesina como la tuvieron ellos. La misma mirada que Hermann Goering, un político y militar alemán, miembro y figura prominente del Partido Nazi. Cree que va a ganar. Como alguna vez creyeron haberlo hecho ellos.

Hay una diferencia. Esto es fútbol.

Ahora llega Guardiola y la pregunta se vuelve ineludible, ¿podrá Pep hacer bailar flamenco al Sabueso bávaro de montaña?

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