Allá por el siglo
VI a. C, Roma fundó al mejor ejército de la historia. Motivos,
muchos. Tenían superioridad estratégica
y táctica, suministro de tropa cualificada. Y dos factores que los
distinguieron por sobre el resto: capacidad de innovación y producción.
Todos los caminos conducen a Roma, dicen. Se acabó. Todos los caminos conducen
al Camp Nou, dirán el día del juicio final.
Allí están, en todas partes. Para hostigarte. Para que te
des cuenta que el trabajo físico de la semana de nada sirve. Para hacerte saber
que cada uno de esos apellidos quedará en la historia. Serán profetas en sus
tierras. En cada pueblo dirán: “de aquí salió él”. Sí, señor lector, hablamos del Barcelona, ¿qué
otro puede haber?
Inventores de su propia ley, la de los seis segundos. Es el
tiempo que tardan para recuperar el balón. En un abrir y cerrar de ojos, el
Barcelona te quitó la pelota. Reyes de la posesión y gobernadores del balón. “El
Barcelona te mata de a poco”, escuché decir. Y peor aún, te mata cuando quiere.
De Cruyff hasta Vilanova,
pasando por van Gaal, Rijkaard y Guardiola (verdadero protagonista). También
desde Ronaldinho, Ibrahimovic, Henry hasta Messi (verdadero protagonista).
Respetando a la inmaculada cantera, llegaron a la cima del
fútbol mundial. Hoy, la mayoría de la plantilla profesional, surgió de La
Masía. Ellos son leyenda:
El emblema es Puyol, quién demostró que se puede cambiar la
forma de juego. Tarzán se quitó las
pieles y pasó a vivir de la selva a la ciudad. Piqué, el verdadero mariscal. El
central que ve todo desde arriba, pero cuando baja y se convierte en mortal,
demuestra que el talento no se quedó en Manchester.
Dani Alves, el defensor que tiene el pase VIP para juntarse
con Messi. Nació en Brasil, ¿algo más para agregar? Retornó un tal Jordi Alba,
que con los genes de La Masía, se asegura un contrato eterno por el lateral izquierdo. Volvió también a las filas del Barcelona Cesc
Fábregas, a quién decían de chico que heredaría la gloria. De a poco se va
cumpliendo. Fábregas es la pierna derecha de Messi y obtendrá el cargo que dejará Xavi.
Xavi, el jugador que no debería trabajar el día del maestro.
El pulmón que hace que Barcelona respire. Entrenó con todos. Desde 2002 y a sus
32 años le enseña al mundo que la consagración llega, tarda pero llega.
Iniesta, el cerebro. Dicen que este genio se escapó de alguna lámpara perdida
en Albacete. Don Andrés no envejece. Es parte de la Santísima Trinidad que completan
Xavi y Messi.
Messi. Párrafo aparte. Único. Irremplazable El verdadero
motivo de éste texto. No quieren decir su verdad. Afirman que nació en
Argentina para tapar que un OVNI aterrizó en Rosario. Imagínese lo que sería
revelar tremendo secreto. La pieza más importante y difícil de conseguir en el
mundo. Los récords, para él, no merecen
llamarse obstáculos. Ochenta y tantos goles en un año. Aún puede ser el máximo
goleador de la historia de la Champions, el máximo goleador del Barcelona (contando
amistosos), máximo goleador de la liga española y el máximo goleador de la
selección argentina. Ah, tiene 25 años. Gracias.
Busquets hace el trabajo silencioso. Opera sin gritos. Teje
en la clandestinidad. Recoge los laureles que no levanta la Santísima Trinidad.
Sergio sabe que puede jugar en un pantano con smoking. Pedro es sinónimo de gol.
Pedro es trabajo. Tan culpable del éxito del Barcelona como sus compañeros.
Véanlo jugar. No se queda quieto. Siempre buscando el espacio ciego para el
pique corto. Nos queda uno, David Villa. Cuestionado, tal vez porque su juego
no se parece al de sus compañeros. Villa es la estúpida excusa de encontrarle
un defecto a un equipo que causa mil efectos.
Tito y Pep: Un equipo
hacía menos goles y recibía menos aún. Otro hace más, pero le convierten más.
Cuestión de gustos. El juego del Barcelona no envejece. Vive en una juventud
eterna. Estética e infinita.
Un equipo que convierte al arquero en un espectador de lujo.
Desde que empezó la “era Guardiola” a hoy, el Barcelona ronda los 700 goles a
favor.
