Ellos y nosotros. Otra vez. Como en el ochenta y seis,
como en el noventa. La final del Mundial en el Maracaná. Alemania y Argentina.
Los brasileños en sus casas. Condimentos miles pero una sola obsesión, el
trofeo. Ellos 1-0 nosotros.
En el 2006,
ellos organizaron la Copa del Mundo en su país y quedaron eliminados en la
Semifinal ante Italia (sí, como Brasil). Dirigía Klinsmann y Low era el
ayudante de campo. En aquella lista de jugadores estaban Schweinsteiger, Klose, Lahm, Mertesacker,
Podolski. En aquel partido Low miraba y Klinsmann decidía. Italia, al ritmo de
Pirlo, dejaba afuera al máximo candidato con una puñalada de Grosso y otra de
Del Piero. Ese día fue la última Alemania de Ballack. Ese día comenzó el cambio
que tendría como conejillo de indias a Sudáfrica 2010 y como producto final a
Brasil y el Maracaná. El 4 de julio de 2006 y ante 65.000 espectadores, Low
quiso revancha. Se calzó el buzo de entrenador y rompió con lo que muchos
llaman suerte y a lo que yo le llamo el momento en el que la preparación y la
oportunidad se encuentran.
Ellos son corporativos y creen en el orden
social. En un sistema como modo de vida. Gotze es un jugador de Alemania y
Argentina es el equipo de Messi. Modificaron el genotipo del jugador teutón.
Ellos pueden atacar de contragolpe como Holanda o tocar, tocar y tocar como la
España del 2010. Atacan y defienden los diez. Cuando la máquina está aceitada
es indestructible. Están programados. Cuando ya iban ganándole a Brasil por
tres goles de diferencia no querían humillar al rival, pero no podían evitar
hacer goles. Así funcionan. Kroos es un jugador genial, a la altura de los que
se roban las tapas de los diarios, pero su genialidad se hace invisible a la
hora de ponerse los ropajes de un obrero. Ellos son el corporativismo y
nosotros el caudillismo. Ellos son la masa organizada y nosotros el héroe que
tiene que salvarnos. Ellos son el sistema y nosotros el líder. Ellos son
eficientes y nosotros románticos. Y ya sabemos quienes salen vencedores en esos
asuntos. Nosotros somos
latinoamericanos. Somos los pulmones de Alexis Sánchez, los dientes de Luis
Suárez, el baile de James, el alma de Neymar y la zurda de Messi. Necesitamos
de un caudillo. Nosotros nos encomendamos a Messi como a un santo. Ellos y nosotros nos encontramos en el
Maracaná.
Y el partido
fue de fútbol. Y aquí es cuando todo lo que uno escribe puede ser en vano. En
vano porque ya hubo un Maracanazo, porque a Diego ya le cortaron las piernas y
porque Costa Rica ya humilló a Goliat. En el encuentro Argentina tuvo las
llaves del paraíso en varias ocasiones. Primero Higuaín, después Palacio. Fue
una final de honores. Cada uno le escupió su fútbol al otro. Fue 0-0 y la
prórroga llamó al cansancio y a las distracciones. Argentina no tuvo
taquicardia. No se achicó ante las siete maravillas alemanas que venían de un
Mineirazo. Aunque Messi no fue el jugador de otro planeta, estuvo a punto de
convertir el gol del otro Messi, el que no tenía rival alguno en todo el
planeta Tierra. Higuaín se encegueció al tener el gol tan cerca y Palacio dio
otra muestra de que la red no es lo suyo. Agüero fue un jugador de farándula y
Lavezzi tuvo una final a todo motor. Sabella sacó a Higuaín y Lavezzi y se
equivocó con Palacio y Agüero. En cambio Alemania seguía con su cazador Muller
mordiendo césped del Maracaná, Kroos dando un recital, Schurrle complicándole
la vida a todos, Lahm convirtiéndose en historia y Schweinsteiger teniendo la revancha de su vida como
un sabueso de montaña lleno de rabia infectando a cada jugador argentino. Y
Argentina fue la de Mascherano, la de Biglia, la de Enzo Pérez, la de Marcos
Rojo, la de los jugadores que nunca nos íbamos a imaginar. Y muy difícil era
invadir Alemania si en el arco estaba Neuer. Ese gigante arquero que se
consagró como el mejor del mundo. El invencible Manuel Neuer. Y cuando el mundo se preparaba para los
penales, apareció Gotze, fresco como nunca, para fundir a Argentina. La
historia dirá si también fundió a Messi, el último gran genio que dio el
fútbol. El que aún continúa siendo un nene que quiere sólo jugar a la pelota y
que no tendrá consuelo alguno por más que la FIFA lo premie regalándole cualquier
tipo de trofeo.
Se terminó el
sueño y Argentina logró romper con lo que estuvimos atados durante tantos años,
la barrera de Cuartos de Final. Sabella armó un equipo basado en una generación
olímpica y campeona del mundo a nivel juvenil. Sabella estuvo a minutos de
vencer al Barcelona de todos los tiempos. Sabella estuvo a punto de ser el
ídolo de todos los tiempos en el Maracaná.
A punto de ser nosotros si no estaban del otro lado ellos. Es hora de
construir todos juntos. De dejar de hablar de fantásticos y ver que Messi no
puede jugar al solitario. No se termina una generación albiceleste. Porque
ellos también tuvieron revancha. Porque Schweinsteiger tiene 29, Klose 36 y Lahm 30 años.
Eso sí, hay que ver quiénes son los que siguen. Quiénes serán nuestros Gotze,
Muller, Kroos.
Ganaron
ellos, los que se prepararon para ser los mejores. Lo mismo deberíamos hacer
nosotros, juntos. Porque juntos somos lo mejor de Maradona, Messi y el que
venga.
