lunes, 6 de agosto de 2012

Argentina y su escasez reflejada en medallas, la política de estado no acompaña al deporte olímpico.



Muchos se preguntarán ¿por qué Argentina se vuelve con las manos vacías? Otros prefieren agredir al atleta tildándolo de “pecho frío”. Pero las malas actuaciones van más allá de lo que se ve en el medallero olímpico.  Existen razones por las cuales los argentinos no se permiten ser una potencia mundial. Argentina tiene 66 medallas en 116 años de historia olímpica. No hay que dejar que se apague la llama, queda mucho por recorrer. 

Corría el 7 de agosto de 1948, la ciudad elegida para aquellos Juegos Olímpicos era justamente Londres.  La maratón que le colgaría la medalla de oro a algún soñador olímpico finalizaba en el mítico Estadio de Wembley. El belga Étienne Gailly era el líder indiscutido de la contienda y candidato al oro. Por allá, a lo lejos, asomaba un hombre de físico macizo y no muy alto. Con el pecho inflado y un andar regular, éste insospechado muchacho, superó al belga colocándose en la primera posición de la maratón. Ante 70 mil personas resultó ganador, con un tiempo de 2-34:51.6, 17 segundos por encima de su persecutor. Ese hombre era argentino, sí, aunque usted no lo crea. El ganador de la medalla de oro en maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 era el santafesino Delfo Cabrera.

Aquellos  Juegos, contextualmente diferente a los que hoy se disfrutan en Londres,  fueron los últimos en los que Argentina terminó con siete medallas olímpicas. Al oro de Cabrera, se les sumaron las medallas doradas obtenidas por los dos boxeadores argentinos Rafael Iglesias y Pascual Pérez. También supieron perder finales, porque Noemí Simonetto se llevó la plata en salto en largo, Carlos Díaz Sáenz Valiente en tiro y en yachting  también quedaron en el segundo lugar. Y para finalizar,  un bronce obtenido en boxeo, gracias a los puños de Mauro Cía. Siete medallas fueron el cociente.  Pero alguna vez,  por un corto lapso, Argentina fue un país olímpico.
Hoy, están lejos de ser lo que alguna vez fueron.  Lo mejor se vivió cuando nacieron los JJOO, pero ya no queda nadie que  pueda transmitir aquellas sensaciones. En los años del peronismo se apostó  a ser una nación competitiva. Se ideó un modelo de país que tenía los motivos suficientes para pelear codo a codo con los más grandes en este tipo de acontecimientos. Luego, cuando la dictadura abrazó y se adueñó de la  historia, desaparecieron. Pasaron los juegos de México, Munich, Montreal, Moscú y Los Ángeles. Argentina, poniendo todos esos Juegos dentro de una bolsa, sumó solamente 3 medallas; dos bronces y una de plata.  Cuando el siglo XX comenzó a formar parte de los libros y el año 2000 enseñaba los Juegos Olímpicos de Sidney, empezaron a recuperarse. Ya como un país abocado de lleno a las competiciones colectivas, como el fútbol, básquet o hockey. Apareció Luciana Aymar, Emmanuel Ginóbilli y Juan Román Riquelme. Pero lejos, muy lejos, quedaron Delfo Cabrera, Noemí Simonetto, Humberto Selvetti o Juan Carlos Zabala. ¿Por qué? ¿Por qué  no forma parte del ADN argentino ser un país olímpico?


Éstas son las razones por las cuales Argentina no obtiene medallas en los Juegos Olímpicos:



1-    La política de estado del país nunca apostó al deporte olímpico.

He aquí la razón más importante que explica el porqué de la escasez olímpica. Argentina, desde sus comienzos como país, nunca tuvo en cuenta al deporte olímpico como opción para progresar.  Cuando  se inició como estado, este proceso comenzó con la Revolución de Mayo y culminó con la sanción de la Constitución Nacional en 1853, no ha visto al deporte como sinónimo de educación.  Siempre han sido fanáticos fervorosos del fútbol, boxeo y automovilismo. De allí han surgido muchas leyendas vivientes como Diego Armando Maradona, Nicolino Locche o Juan Manuel Fangio, por las cuales siempre se ha tratado de que aparezca alguien que tome la posta y continúe con el legado. En cambio, deportes relacionados al atletismo han tenido un gran desarrollo, solamente, hasta 1956. En esos años, era el segundo deporte olímpico detrás del boxeo.  A partir de 1956, en adelante, todo cambió.  El atletismo se vio afectado por problemas políticos, falta de apoyo y la profesionalización del deporte en el resto del mundo. Desde allí hasta estos tiempos que corren, el atletismo se vive como algo amateur.
Por un corto tiempo, en épocas en la que el peronismo gobernaba el suelo argento, han sido un país olímpico. Fue Juan Domingo Perón quien incorporó a miles de niños y adolescentes a la actividad atlética, construyó escenarios deportivos y organizo torneos nacionales  e internacionales. Félix Frascara, periodista deportivo muy respetado en esa época, definió al accionar de Perón con las siguientes palabras: “(antes de Perón) los gobiernos se habían mantenido indiferentes ante el crecimiento de esta fuerza viva (el deporte) que estaba clamando una mayor atención, por un ordenado y estudiado encarrilamiento. . . Se vivía el deporte como en la belle époque, como en los tiempos del vals. . . Así lo encontró el peronismo. . . De lo que había sido el romanticismo pasamos a la lujuria del deporte. Quedó establecido el pacto: Perón le daba todo al deporte, y el deporte le daba todo a Perón”.
Una vez finiquitados los tiempos del peronismo, volvieron a perder la ilusión. La dictadura militar llegó y exterminó las ilusiones. Ejemplos son los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Los militares creían que varios deportistas argentinos se adherían a las ideas del peronismo y eran suspendidos por 99 años. Fue la primera vez en la que Argentina no se llevó una medalla de oro en un Juego Olímpico. También lo  es el Juego Olímpico de 1980 realizado en Moscú. El gobierno militar decidió adherirse a un boicot liderado por Estados Unidos y no participó de la cita olímpica. La generación del 80, a pesar de haberse esforzado por clasificarse, tuvo que subordinarse a los ideales soldadescos que se imponían en el país.
Argentina no ve al deporte como sinónimo de educación. En países que hoy son potencia en este tipo de acontecimientos, dichas actividades crecen a la par de las matemáticas, las  ciencias naturales o de la mismísima historia.


2-    No se cuenta con la infraestructura necesaria.

Al conocer que la política de estado nunca acompañó al deporte olímpico, la falta de infraestructura se hace inevitable. Como ha de saberse, los argentinos son fanáticos del  fútbol o el boxeo. Esto también tiene que ver con la simpleza de cada deporte. Para jugar al fútbol, se necesita de una pelota y dos arcos que pueden formarse hasta con piedras. Para boxear se requiere de dos pares de guantes y, también puede estar acompañado de un improvisado cuadrilátero. Pero para deportes como el Yachting, Atletismo, Triatlón, Tiro olímpico, Piragüismo y hasta el Ciclismo en pista se necesita de una infraestructura demasiado costosa.  Argentina no está preparada  para que sus atletas puedan entrenarse en un lugar adecuado y con los requerimientos necesarios para poder competir a la par de países desarrollados. Como se dijo, se dice y se dirá, Argentina es un país en vías de desarrollo.


3-    No existe una  preparación al deportista

Ésta razón va de la mano con la anterior. Casos son los que sobran. Fracasos, también.  El Enard negó la plata para las giras previas a Londres escudándose en lo sucedido en Guadalajara. Los que solamente pudieron tener una buena preparación, bancados por el Enard para participar en Londres, fueron Germán Lauro y Jennifer Dahlgren. Brian Toledo se preparó en Barcelona. Bárzola se entrenó en la sierra cerca de Granada y de ahí iba directamente a Londres. Peralta trabajó en Kenia. 
Un caso que emociona y llena de orgullo es el del judoca Emmanuel Lucenti, quién debió entrenarse sólo. El tucumano está hace ocho años sin entrenador. "Mis rivales venían de campos de preparación en Europa y yo de mi casa en Tucumán y sin embargo peleamos de igual a igual" contaba Lucenti. El dinero es una de las causas que perjudican al desarrollo de éste tipo de deportes, sino la más importante.
Los elementos que se necesitan para prepararse no se fabrican en el país (Jabalinas, bicicletas, garrochas, lanchas, étc). En la Aduana se retuvieron muchos de ellos y afectó directamente a la preparación de los deportistas. En éstos momentos se ve la cosecha en Londres 2012, de por sí muy pobre.

4-    No porta el gen olímpico en su ADN.

Hay una popular frase que dice que uno es esclavo de su pasado. Eso mismo ocurre en Argentina. No llevan en la sangre al deporte olímpico. No corre por sus venas. ¿Por qué?
Debemos recurrir, otra vez, a deportes como el fútbol, el boxeo o el básquet. En el deporte argentino, se busca utilizar a modo de espejo a algún ídolo popular que haya sido protagonista de algún éxito. En el fútbol, pasó con Maradona y pasa hoy con Messi. Del boxeo argentino han surgido grandes glorias como Nicolino Locche, Látigo Coggi, Carlos Monzón, Palma y como sucede hoy, salvando las distancias, con Maravilla Martínez.  
Al ser víctimas de las razones anteriormente explicadas, se hace  imposible portar el gen de la pasión.  Argentina no cuenta con una escuela de velocistas como Jamaica, no tiene una fábrica de nadadores como Estados Unidos ni tampoco un laboratorio de gimnastas como los países asiáticos. No tiene a un modelo de velocista como Jesse Owens, un nadador como Michel Phelps o judocas como el francés  David Douillet.
Por ahora, la pasión queda relegada para los deportes populares. Quizá algún día haya tiempos de gloria para un velocista o un nadador argentino.

5-    Las condiciones climáticas no ayudan.

Ésta es una de las razones de menor relevancia comparándola con las anteriores. No por ello pierde importancia. Si bien Argentina es un país que exhibe varios ecosistemas, las condiciones climáticas no colaboran para el desenvolvimiento del atletismo, deportes en aguas abiertas como el nado o el remo. El argentino es amante de los deportes de contacto. El fútbol, básquet, handball, hockey o boxeo son los deportes que lideran ésta contienda.  En general, el clima argentino predominante es el templado, aunque se extiende a un clima semitropical en el norte y un subpolar en el extremo sur de la Patagonia. Argentina no se destaca por ser un país caluroso. No es el caso de Jamaica, en el que el calor es protagonista en la mayor parte del año. De allí, surgen los mejores velocistas. Rechazan los deportes de contacto,  y para esquivar al calor, optan por los deportes solitarios, sin contacto con el rival. Estados Unidos es un país que también es víctima de las olas de frío. Es por eso que en el invierno es muy difícil practicar deportes nacionales como el béisbol o el fútbol americano. Debido a ello, trasladan sus actividades a un gimnasio. Allí convierten a nadadores en máquinas y a basquetbolistas en bestias. El clima también hace lo suyo en Argentina. Las condiciones climáticas, sumadas a la falta de elementos para el desarrollo del deporte olímpico, impiden el progreso.



La  problemática del deporte olímpico argentino va más allá de perder por centésimas de segundo, de no realizar bien esa última brazada o no controlar las anillas en la gimnasia artística. Se transita, desde ya hace tiempo, un problema político profundo, en el que el deporte paga el precio de los ideales y enfrentamientos políticos. No se cuenta con la infraestructura que se requiere para competir de igual a igual con las potencias. Desde el minuto cero, no se sembró en el gen argentino la pasión del deporte olímpico para recoger los frutos convertidos en medallas.

¿Posibilidades de cambio? Sí, las hay. Si se cambia  la política de estado, si no se    relega a la soledad a sus atletas, si se crean escenarios deportivos. Si se hace eso, y mucho más, habrá un cambio. Según cuentan, la gran camada de la delegación argentina se verá en los Juegos de Río de Janeiro 2016. El margen que separa a Londres de Río de Janeiro es ancho, ahora es el tiempo de accionar.

Se  puede soñar a lo grande. El argentino se destaca por tener ese amor propio que los distingue del mundo entero. Quizás en algunos años pueda parir a un Usain Bolt, Michael Phelps, Vitali Shervo o algún Javier Sotomayor que haya nacido en sus 2.780.400 Km2 de tierra. Mientras tanto, hay que apostar al cambio.