Muchos se
preguntarán ¿por qué Argentina se vuelve con las manos vacías? Otros prefieren
agredir al atleta tildándolo de “pecho frío”. Pero las malas actuaciones van
más allá de lo que se ve en el medallero olímpico. Existen razones por las cuales los argentinos
no se permiten ser una potencia mundial. Argentina tiene 66 medallas en 116
años de historia olímpica. No hay que dejar que se apague la llama, queda mucho
por recorrer.
Corría el 7 de agosto de 1948, la
ciudad elegida para aquellos Juegos Olímpicos era justamente Londres. La maratón que le colgaría la medalla de oro
a algún soñador olímpico finalizaba en el mítico Estadio de Wembley. El belga
Étienne Gailly era el líder indiscutido de la contienda y candidato al oro. Por
allá, a lo lejos, asomaba un hombre de físico macizo y no muy alto. Con el
pecho inflado y un andar regular, éste insospechado muchacho, superó al belga
colocándose en la primera posición de la maratón. Ante 70 mil personas resultó
ganador, con un tiempo de 2-34:51.6, 17 segundos por encima de su persecutor.
Ese hombre era argentino, sí, aunque usted no lo crea. El ganador de la medalla
de oro en maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 era el santafesino Delfo Cabrera.
Aquellos Juegos, contextualmente diferente a los que hoy
se disfrutan en Londres, fueron los
últimos en los que Argentina terminó con siete
medallas olímpicas. Al oro de Cabrera, se les sumaron las medallas doradas
obtenidas por los dos boxeadores argentinos Rafael Iglesias y Pascual Pérez.
También supieron perder finales, porque Noemí Simonetto se llevó la plata en
salto en largo, Carlos Díaz Sáenz
Valiente en tiro y en
yachting también quedaron en el segundo
lugar. Y para finalizar, un bronce
obtenido en boxeo, gracias a los puños de Mauro Cía. Siete medallas fueron el
cociente. Pero alguna vez, por un corto lapso, Argentina fue un país olímpico.
Hoy, están
lejos de ser lo que alguna vez fueron.
Lo mejor se vivió cuando nacieron los JJOO, pero ya no queda nadie que pueda transmitir aquellas sensaciones. En los
años del peronismo se apostó a ser una
nación competitiva. Se ideó un modelo de país que tenía los motivos suficientes
para pelear codo a codo con los más grandes en este tipo de acontecimientos.
Luego, cuando la dictadura abrazó y se adueñó de la historia, desaparecieron. Pasaron los juegos
de México, Munich, Montreal, Moscú y Los Ángeles. Argentina, poniendo todos
esos Juegos dentro de una bolsa, sumó solamente 3 medallas; dos bronces y una
de plata. Cuando el siglo XX comenzó a formar
parte de los libros y el año 2000 enseñaba los Juegos Olímpicos de Sidney, empezaron a recuperarse. Ya como un
país abocado de lleno a las competiciones colectivas, como el fútbol, básquet o
hockey. Apareció Luciana Aymar, Emmanuel Ginóbilli y Juan Román Riquelme. Pero
lejos, muy lejos, quedaron Delfo Cabrera, Noemí Simonetto, Humberto Selvetti o
Juan Carlos Zabala. ¿Por qué? ¿Por qué no forma parte del ADN argentino ser un país
olímpico?
Éstas son
las razones por las cuales Argentina no obtiene medallas en los Juegos
Olímpicos:
1-
La política de estado del país nunca
apostó al deporte olímpico.
He aquí la
razón más importante que explica el porqué de la escasez olímpica. Argentina,
desde sus comienzos como país, nunca tuvo en cuenta al deporte olímpico como opción
para progresar. Cuando se inició como estado, este proceso comenzó
con la Revolución de Mayo y culminó con la sanción de la Constitución Nacional
en 1853, no ha visto al deporte como
sinónimo de educación. Siempre han
sido fanáticos fervorosos del fútbol, boxeo y automovilismo. De allí han
surgido muchas leyendas vivientes como Diego Armando Maradona, Nicolino Locche
o Juan Manuel Fangio, por las cuales siempre se ha tratado de que aparezca
alguien que tome la posta y continúe con el legado. En cambio, deportes
relacionados al atletismo han tenido un gran desarrollo, solamente, hasta 1956.
En esos años, era el segundo deporte olímpico detrás del boxeo. A partir de 1956, en adelante, todo
cambió. El atletismo se vio afectado por
problemas políticos, falta de apoyo y la profesionalización del deporte en el
resto del mundo. Desde allí hasta estos tiempos que corren, el atletismo se vive
como algo amateur.
Por un
corto tiempo, en épocas en la que el peronismo gobernaba el suelo argento, han
sido un país olímpico. Fue Juan Domingo
Perón quien incorporó a miles de niños y adolescentes a la actividad atlética,
construyó escenarios deportivos y organizo torneos nacionales e internacionales. Félix Frascara, periodista
deportivo muy respetado en esa época, definió al accionar de Perón con las
siguientes palabras: “(antes de Perón)
los gobiernos se habían mantenido indiferentes ante el crecimiento de esta
fuerza viva (el deporte) que estaba clamando una mayor atención, por un
ordenado y estudiado encarrilamiento. . . Se vivía el deporte como en la belle
époque, como en los tiempos del vals. . . Así lo encontró el peronismo. . . De
lo que había sido el romanticismo pasamos a la lujuria del deporte. Quedó establecido
el pacto: Perón le daba todo al deporte, y el deporte le daba todo a Perón”.
Una vez
finiquitados los tiempos del peronismo, volvieron
a perder la ilusión. La dictadura militar llegó y exterminó las ilusiones.
Ejemplos son los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Los militares creían
que varios deportistas argentinos se adherían a las ideas del peronismo y eran
suspendidos por 99 años. Fue la primera vez en la que Argentina no se llevó una
medalla de oro en un Juego Olímpico. También lo es el Juego Olímpico de 1980 realizado en
Moscú. El gobierno militar decidió adherirse a un boicot liderado por Estados
Unidos y no participó de la cita olímpica. La generación del 80, a pesar de
haberse esforzado por clasificarse, tuvo que subordinarse a los ideales
soldadescos que se imponían en el país.
Argentina
no ve al deporte como sinónimo de educación. En países que hoy son potencia en
este tipo de acontecimientos, dichas actividades crecen a la par de las
matemáticas, las ciencias naturales o de
la mismísima historia.
2-
No se cuenta con la infraestructura
necesaria.
Al conocer
que la política de estado nunca acompañó al deporte olímpico, la falta de
infraestructura se hace inevitable. Como ha de saberse, los argentinos son
fanáticos del fútbol o el boxeo. Esto
también tiene que ver con la simpleza de cada deporte. Para jugar al fútbol, se
necesita de una pelota y dos arcos que pueden formarse hasta con piedras. Para
boxear se requiere de dos pares de guantes y, también puede estar acompañado de
un improvisado cuadrilátero. Pero para deportes como el Yachting, Atletismo,
Triatlón, Tiro olímpico, Piragüismo y hasta el Ciclismo en pista se necesita de
una infraestructura demasiado costosa. Argentina
no está preparada para que sus atletas puedan
entrenarse en un lugar adecuado y con los requerimientos necesarios para poder
competir a la par de países desarrollados. Como se dijo, se dice y se dirá, Argentina es un país en vías de desarrollo.
3-
No existe una preparación al deportista
Ésta razón
va de la mano con la anterior. Casos son
los que sobran. Fracasos, también.
El Enard negó la plata para las giras previas a Londres escudándose en
lo sucedido en Guadalajara. Los que solamente pudieron tener una buena
preparación, bancados por el Enard para participar en Londres, fueron Germán
Lauro y Jennifer Dahlgren. Brian Toledo se preparó en Barcelona. Bárzola se
entrenó en la sierra cerca de Granada y de ahí iba directamente a Londres.
Peralta trabajó en Kenia.
Un caso
que emociona y llena de orgullo es el del judoca Emmanuel Lucenti, quién debió
entrenarse sólo. El tucumano está hace ocho años sin entrenador. "Mis
rivales venían de campos de preparación en Europa y yo de mi casa en Tucumán y
sin embargo peleamos de igual a igual" contaba Lucenti. El dinero es una
de las causas que perjudican al desarrollo de éste tipo de deportes, sino la
más importante.
Los
elementos que se necesitan para prepararse no se fabrican en el país
(Jabalinas, bicicletas, garrochas, lanchas, étc). En la Aduana se retuvieron
muchos de ellos y afectó directamente a la preparación de los deportistas. En
éstos momentos se ve la cosecha en Londres 2012, de por sí muy pobre.
4-
No porta el gen olímpico en su ADN.
Hay una
popular frase que dice que uno es esclavo de su pasado. Eso mismo ocurre en
Argentina. No llevan en la sangre al deporte olímpico. No corre por sus venas.
¿Por qué?
Debemos
recurrir, otra vez, a deportes como el fútbol, el boxeo o el básquet. En el
deporte argentino, se busca utilizar a modo de espejo a algún ídolo popular que
haya sido protagonista de algún éxito. En el fútbol, pasó con Maradona y pasa
hoy con Messi. Del boxeo argentino han surgido grandes glorias como Nicolino
Locche, Látigo Coggi, Carlos Monzón, Palma y como sucede hoy, salvando las
distancias, con Maravilla Martínez.
Al ser
víctimas de las razones anteriormente explicadas, se hace imposible portar el gen de la pasión. Argentina no cuenta con una escuela de
velocistas como Jamaica, no tiene una fábrica de nadadores como Estados Unidos
ni tampoco un laboratorio de gimnastas como los países asiáticos. No tiene a un
modelo de velocista como Jesse Owens, un nadador como Michel Phelps o judocas
como el francés David Douillet.
Por ahora,
la pasión queda relegada para los
deportes populares. Quizá algún día haya tiempos de gloria para un
velocista o un nadador argentino.
5-
Las condiciones climáticas no ayudan.
Ésta es
una de las razones de menor relevancia comparándola con las anteriores. No por
ello pierde importancia. Si bien Argentina es un país que exhibe varios
ecosistemas, las condiciones climáticas no colaboran para el desenvolvimiento
del atletismo, deportes en aguas abiertas como el nado o el remo. El argentino
es amante de los deportes de contacto. El fútbol, básquet, handball, hockey o
boxeo son los deportes que lideran ésta contienda. En general, el clima argentino predominante
es el templado, aunque se extiende a un clima semitropical en el norte y un subpolar en
el extremo sur de la Patagonia. Argentina no se destaca por ser un
país caluroso. No es el caso de Jamaica, en el que el calor es protagonista en
la mayor parte del año. De allí, surgen los mejores velocistas. Rechazan los
deportes de contacto, y para esquivar al
calor, optan por los deportes solitarios, sin contacto con el rival. Estados
Unidos es un país que también es víctima de las olas de frío. Es por eso que en
el invierno es muy difícil practicar deportes nacionales como el béisbol o el
fútbol americano. Debido a ello, trasladan sus actividades a un gimnasio. Allí
convierten a nadadores en máquinas y a basquetbolistas en bestias. El clima
también hace lo suyo en Argentina. Las condiciones climáticas, sumadas a la
falta de elementos para el desarrollo del deporte olímpico, impiden el progreso.
La problemática del deporte olímpico argentino va
más allá de perder por centésimas de segundo, de no realizar bien esa última
brazada o no controlar las anillas en la gimnasia artística. Se transita, desde
ya hace tiempo, un problema político profundo, en el que el deporte paga el precio de los ideales y enfrentamientos políticos.
No se cuenta con la infraestructura que se requiere para competir de igual a
igual con las potencias. Desde el minuto cero, no se sembró en el gen argentino
la pasión del deporte olímpico para recoger los frutos convertidos en medallas.
¿Posibilidades de cambio? Sí, las hay. Si se cambia la política de estado, si no se relega a la soledad a sus atletas, si se crean
escenarios deportivos. Si se hace eso, y mucho más, habrá un cambio. Según
cuentan, la gran camada de la delegación argentina se verá en los Juegos de Río
de Janeiro 2016. El margen que separa a Londres de Río de Janeiro es ancho,
ahora es el tiempo de accionar.
Se puede soñar a lo grande. El argentino se
destaca por tener ese amor propio que los distingue del mundo entero. Quizás en
algunos años pueda parir a un Usain Bolt, Michael Phelps, Vitali Shervo o algún
Javier Sotomayor que haya nacido en sus 2.780.400 Km2 de tierra. Mientras
tanto, hay que apostar al cambio.

muy bueno!
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