La salida de Cavenaghi y
Domínguez no responde, solamente, a un
factor deportivo. Passarella eligió esta manera sutil, utilizando a su DT
Matías Almeyda, para quitarse de encima a los dos ídolos de River.
Era una excusa lógica la de su rendimiento, debido a que ambos no habían tenido
la misma actuación en los últimos diez partidos comparándola con el arranque de
la estadía de River en la segunda categoría. Cavenaghi terminó su primera etapa
del torneo con 15 goles en 19 partidos y
concluyó el campeonato con 19 tantos en
los 38 partidos, pero relegado en el segundo tramo a una posición que le es
incómoda debido a la llegada de Trezeguét. Mientras que Domínguez convirtió 5
goles, pero fue quien llevó las riendas del equipo en todo momento. Le toco
jugar de enganche, segundo delantero, media punta y hasta volante. Ambos fueron
protagonistas indiscutidos del ascenso y, más allá de una leve baja en su
rendimiento, no fueron removidos únicamente por motivos futbolísticos.
El manto de ego perteneciente a
Daniel Passarella es lo que cubre al “mundo River”. He allí el motivo principal
de la salida de los ídolos del club, que como otros tantos, debieron irse “por la
puerta de atrás”. Daniel Passarella no soporta que alguien adquiera mayor fama
o halagos que él. Él, siempre él. Ésta actitud de dictador que sostiene Daniel
Alberto Passarella se remonta a sus inicios. Ya a sus 22 años, cuando aún era
un purrete, se peleó con el glorioso DT que tenía River en ese entonces,
Angel Labruna. El futuro Kaiser rechazó
jugar en una posición que no le era
natural. Por aquellos años no contaba con la espalda suficiente como para
remover a un director técnico. Ya
instalado como el gran defensor central que tuvo River, Daniel se encargó de
limpiar del equipo al mítico Beto Alonso, obligándolo a irse a Vélez hasta que
el nacido en Chacabuco se vaya del club,
esa fue la primera batalla ganada por el Kaiser.
Ya como DT de River, Daniel Alberto
no tenía en cuenta al gran goleador Gabriel Omar Batistuta. En el Millonario lo
utilizaba como al quinto delantero, luego trasladó ese problema al seleccionado
nacional. El Bati decía: "No compartía su idea, porque para mí una persona
no se mide por el pelo o por si usa aros, pero acepté sus reglas porque yo
quería jugar en la selección. No creo que vuelva a encontrar un técnico que se
preocupe más por mi pelo que por los goles que pueda convertir".
Ya remontándonos por éstos últimos
años, Passarella se encargó también de despedir “por la puerta de atrás” a
Marcelo Gallardo. No lo tuvo en cuenta
primero como entrenador, en 2006. Y también se encargó de arruinar su despedida
del fútbol con la banda roja en el año 2010, cuando asumía la presidencia. El
Muñeco dijo: “Me fui dos veces de River, una con él (Passarella) como técnico.
Me dijo que iba a armar una base diferente. Y la segunda me fui con él como
presidente. Así que veo muy lejano mi regreso a River mientras esté él ahí”.
Borrando también de la lista de ídolos a Leonardo Astrada y Diego Buonanotte.
Una de sus “batallas” más
importantes y con más ruido fue contra Ariel Ortega, el último gran número 10
que tuvo River. El Burrito, como consecuencia de su adicción, no podía
recuperar el nivel de otros años. En lugar de ser ayudado, ya que transitaba
sus últimos años como profesional, el Kaiser optó por mirar hacia otro lado. "Passarella
se cree que es Dios y te trata como una basura” decía Ortega.
Hoy, el gran ególatra, decide
terminar con el sueño de Cavenaghi y Domínguez.
Su ensañamiento con Fernando comenzó cuando decidió echarlo de un
vestuario, mientras “cavegol” jugaba en Europa.
El Kaiser no quería que él regrese a la institución, pero se vio
sometido al clamor popular, que exigía la vuelta del joven ídolo. Mientras que
Domínguez, nunca lo sedujo a Passarella como futbolista y sumado a eso, era el
Chori quién le pedía al presidente que le paguen a sus compañeros y refaccionen
el club, debido a que varios no cobraban hace meses y los baños “parecían de
clubes del ascenso”.
Jugadores como Villalva, Funes Mori
o Vila no son más, en materia futbolística, que Fernando Cavenaghi y Alejandro
Domínguez. La inoperancia con la que se manejo éste asunto es vergonzosa. En
River justifican la salida de ambos porque quieren un equipo más veloz y se
lanzan con una oferta “ridícula” por Guti, el jugador español ídolo del Real
Madrid. José María Gutiérrez Hernández tiene 35 años y no se caracteriza por
ser un jugador “veloz”. A eso se le suma que no tiene actividad profesional
desde 2011. En un campeonato de Primera División, la inexperiencia de Villalva,
Funes Mori o Vila puede ser un arma de doble filo de la cual River no tiene
escapatoria, porque no tendrá a sus referentes ni siquiera en el banco de los
suplentes. La llegada de David Trezeguét influyó en el equipo solamente dentro
del verde césped. Nunca existieron peleas entre ambos, o aquella supuesta
actitud egoísta de Cavenaghi de no darle el balón a David. Fue simplemente un
factor de juego que afectó directamente al que hasta ese entonces era el 9 de
área de River, Fernando Cavenaghi. La inversión millonaria, el currículum
exitoso y la innegable calidad que tiene David Trezeguét le exigían un lugar
entre los 11 titulares. Es por eso que “Cave” se vio afectado y tuvo que jugar
en una posición que le es ajena, recostado sobre alguno de los laterales del
sector ofensivo.
Passarella se encargó de terminar
con el sueño de un capitán como Cavenaghi, y de un exquisito jugador como
Domínguez. Ahora es el turno de David Trezeguét, quién recibió la capitanía del
equipo en la vuelta a Primera. Veremos cuánto dura Trezeguét como ídolo inmaculado, antes de que
aparezca el Kaiser y finiquite con ello. Daniel Alberto Passarella es quien
lleva en su brazo derecho una cinta de capitán, que deja entrever una palabra
que amenaza a la historia de un campeón: el EGO.

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