Fuimos dueños del planeta en dos ocasiones. Tocamos el cielo
bajo el dictado del “toque, toque y toque” y también con el inconfundible
“meta, meta y meta”. La pelota no se
empapó de sangre en el 78 y se vistió de superhéroe en el 86, por aquellos
caídos en Malvinas.
Menotti y Bilardo. Bilardo y Menotti. Los directores
técnicos más googleados de la historia de nuestro fútbol. Las dos
veredas que separan a una calle repleta de hazañas, triunfos, contextos y
decepciones.
César Luis Menotti. El paradigma del criollismo. El abuelo
de la gambeta, el caño y el sombrero. Menotti
sostiene que “el talento y la habilidad
deben predominar siempre sobre el despliegue y la fuerza física”. Ese
fútbol que nos diferenciaba del que trajeron los británicos a nuestro país.
Otra manera de pensar, de sentir y ejecutar. Algo que se lleva en la sangre,
como el tango. Argentina dio la vuelta olímpica en su casa.
Carlos Salvador Bilardo fue el mejor alumno de la escuela del
Estudiantes de Zubeldía. Di Stéfano, triunfando en Europa, dijo que “los
argentinos tienen que olvidarse de la pisadita y el jueguito de media cancha,
frente al fútbol europeo, esto no tienen ningún valor”. Hizo mundialista la
idea que había tenido su maestro. Para Bilardo, la fuerza estaba por sobre la
técnica. El trabajo y la disciplina al servicio de la victoria. La inmigración en años pasados de italianos y españoles creó una
máquina con genética perfecta que conquistó su segunda Copa del Mundo en 1986.
En la vida futbolística de estos dos hombres, aparece otro
que se queda con el amor del pueblo dominguero: Diego Armando Maradona.
En el lugar correcto y en el momento indicado. Funcionó con
ambos. Con Menotti, en 1979, dio sus primeros conciertos. Ganó el Mundial
juvenil de punta a punta. Con Bilardo, en 1986, ensayó la obra de arte más
grande de la historia. En ese equipo no había lugar para dos Maradona. El
trabajo sucio lo hacían sus compañeros.
Maradona fue mucho más que el ideal de cualquier entrenador. Fue una
idea de Dios en un momento revolucionario. Maradona fue la mezcla perfecta de
momentos y creencias. Fue la combinación
del criollismo abanderado por Menotti y el fútbol heredado, creado por Zubeldía
y perfeccionado por Bilardo. Diego fue un criollo que gambeteó con el cuchillo
entre los dientes.
Fuimos campeones creyendo en el romanticismo de Menotti.
Dimos la vuelta apoyando la disciplina de Bilardo. En la novela del fútbol,
usted elige con quién casarse.
Lo cierto es que ahora nos enfrentamos a un nuevo cambio. El fútbol matemático nos domina. El Dr. Sabella trabaja en su laboratorio en
Ezeiza. Para colmo, apareció un rosarino con la zurda de una máquina. Messi se
adueña del fútbol de los flashes y los vídeos en HD.
Diego sobrevivió en años
románticos y también en épocas disciplinadas, ¿sobrevivirá Messi en los tiempos
de la ciencia?

