sábado, 1 de junio de 2013

Fútbol argentino: criollismo, genética y ciencia.



Fuimos dueños del planeta en dos ocasiones. Tocamos el cielo bajo el dictado del “toque, toque y toque” y también con el inconfundible “meta, meta y meta”.  La pelota no se empapó de sangre en el 78 y se vistió de superhéroe en el 86, por aquellos caídos en Malvinas.

Menotti y Bilardo. Bilardo y Menotti. Los directores técnicos más googleados de la historia de nuestro fútbol. Las dos veredas que separan a una calle repleta de hazañas, triunfos, contextos y decepciones. 



César Luis Menotti. El paradigma del criollismo. El abuelo de la gambeta, el caño y el sombrero.  Menotti sostiene que “el talento y la habilidad  deben predominar siempre sobre el despliegue y la fuerza física”. Ese fútbol que nos diferenciaba del que trajeron los británicos a nuestro país. Otra manera de pensar, de sentir y ejecutar. Algo que se lleva en la sangre, como el tango. Argentina dio la vuelta olímpica en su casa.

Carlos Salvador Bilardo fue el mejor alumno de la escuela del Estudiantes de Zubeldía. Di Stéfano, triunfando en Europa, dijo que “los argentinos tienen que olvidarse de la pisadita y el jueguito de media cancha, frente al fútbol europeo, esto no tienen ningún valor”. Hizo mundialista la idea que había tenido su maestro. Para Bilardo, la fuerza estaba por sobre la técnica. El trabajo y la disciplina al servicio de la victoria. La inmigración en años pasados de italianos y españoles creó una máquina con genética perfecta que conquistó su segunda Copa del Mundo en 1986.

En la vida futbolística de estos dos hombres, aparece otro que se queda con el amor del pueblo dominguero: Diego Armando Maradona.

En el lugar correcto y en el momento indicado. Funcionó con ambos. Con Menotti, en 1979, dio sus primeros conciertos. Ganó el Mundial juvenil de punta a punta. Con Bilardo, en 1986, ensayó la obra de arte más grande de la historia. En ese equipo no había lugar para dos Maradona. El trabajo sucio lo hacían sus compañeros.  Maradona fue mucho más que el ideal de cualquier entrenador. Fue una idea de Dios en un momento revolucionario. Maradona fue la mezcla perfecta de momentos y creencias.  Fue la combinación del criollismo abanderado por Menotti y el fútbol heredado, creado por Zubeldía y perfeccionado por Bilardo. Diego fue un criollo que gambeteó con el cuchillo entre los dientes.



Fuimos campeones creyendo en el romanticismo de Menotti. Dimos la vuelta apoyando la disciplina de Bilardo. En la novela del fútbol, usted elige con quién casarse.

Lo cierto es que ahora nos enfrentamos a un nuevo cambio.  El fútbol matemático nos domina.  El Dr. Sabella trabaja en su laboratorio en Ezeiza. Para colmo, apareció un rosarino con la zurda de una máquina. Messi se adueña del fútbol de los flashes y los vídeos en HD. 

Diego sobrevivió en años románticos y también en épocas disciplinadas, ¿sobrevivirá Messi en los tiempos de la ciencia?

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