Por
Sebastián Ojeda, 2do B.
En la historia siempre se recuerda a
clubes y jugadores por sus títulos o hazañas conseguidas. Éste no es el caso de
un hombre que más allá de sus logros individuales y colectivos muestra una cara diferente en su envidiable
repertorio.
Su nombre es David Sergio Trezeguét, nacido en Francia y
criado en su infancia y adolescencia en Argentina.
Hay algo que diferencia a David de
los demás jugadores consagrados mundialmente, tiene un fuerte lazo con la
segunda categoría del fútbol. Su historia con ésta apasionante divisional da
comienzo allá por el año 2006, cuando le tocó descender a la Serie B con la
Juventus de Italia. Allí, el nacido en Ruan, comenzó a mostrar una actitud
positiva para con su club y el desgraciado momento que transitaba en su
gloriosa historia. Quizá esa postura erguida que exhibe dentro de una cancha
tenga que ver con su voluntad de ir siempre hacia adelante y con la frente en
alto ante la adversidad. Fue la figura de su equipo, marcó 15 goles en 32
partidos disputados en la temporada: la Vecchia Signora arrasó y ascendió a la Serie A. En esta ocasión, Trezeguét
descendió al infierno por obligación. Más
allá de su valentía, David podría haber emigrado hacia algún club poderoso que requería
de sus servicios, como por ejemplo Manchester United, Lyon, Roma o el poderoso
Barcelona. De esta forma, su carrera hubiese
sido mucho más exitosa y valorizada a nivel mundial.
En 2010, el jugador con temple de
acero llegó a las filas del Hércules, equipo español. Como la rutilante figura
del equipo de Alicante, David luchó por mantener la categoría hasta el final.
12 goles fueron el cociente de sus actuaciones, pero el equipo perdió la
categoría. Allá, en Europa, había guardado su segundo nombre en el inconsciente
para mostrarse como David Trezeguét: el jugador francés. De allí sacó su
elegancia a la hora de moverse en el área,
tratar al balón y definir como un duque del viejo continente. Otra vez,
volvió a destacarse su buena predisposición para volver al infierno y lograr el
ascenso en la segunda categoría.
Lastimosamente, las autoridades del club lo invitaron a buscarse otro
equipo, y David fue en busca de otra aventura: su destino, Emiratos Árabes
Unidos.
Su paso por el fútbol de los
petro-dólares le duraría apenas dos partidos. El destino le tendría preparado
al rey David otra jugarreta, de esas que a él le gustan. El descendido River Plate quería vestirlo con
la banda roja al nacido en Francia. Ésta vez, Trezeguét decidió bajar al
infierno por gusto, ya conocía de éstos acontecimientos.
Rápidamente se sumó al equipo de sus
amores y ya suma 12 goles en 16 encuentros disputados. Nada tardó en enamorar a
la hinchada millonaria. Los aficionados, en doce ocasiones vieron lucir a
Trezeguét esa inconfundible sonrisa que contagia al mundo del fútbol. Siente
cada gol como si fuese el último, se asemeja a aquél joven que debutó en
Platense (y tenía pelo) y soñaba con, algún día, jugar en River. A la hora de
declarar deslumbra con su inteligencia y cultura aprehendida en el Primer Mundo.
La vida futbolística de Trezeguét
está muy ligada a la segunda categoría, tal es así que su promedio de gol en la
divisional es mayor aún que en la primera división. El promedio es de 0,57 en
la B contra un 0,54 en la primera A. David reúne en 190 centímetros el porte y la
elegancia de un centrodelantero sublime. En el verde césped resulta muy
dificultoso marcarlo debido a su inteligencia y experiencia en el mundo del fútbol.
Al atributo de delantero en
extinción no se lo relaciona, solamente, con su rendimiento deportivo. Más allá
de su campeonato mundial obtenido en Francia ´98, su título de Capocannoniere
con Juventus o de los 255 goles que tiene en su carrera a David se le atribuye
el término de delantero en extinción por otro motivo: la actitud.
Allá por 2006 no abandonó a su equipo en
Italia, teniendo la oportunidad de emigrar hacia un futuro mejor. Cuando le
tocó descender en España, más allá de que no se haya visto al mejor Trezeguét
en versión futbolística, tuvo una buena predisposición para quedarse y volver a lograr el ascenso. Hoy, en River, elige
hacer docencia. Resurgió del inconsciente su segundo nombre y hoy es David
Sergio. Regresó al fútbol que lo vio nacer, más allá de la realidad económica y
financiera a la que se había acostumbrado. El delantero eligió éste escenario,
con la cruda realidad que envuelve al país, pero con el inacabable amor propio
del hincha que le gusta el fútbol y alienta a su equipo hasta el último
segundo.
David Trezeguét sabe de triunfos y
hazañas, pero también conoce de cerca a la otra cara del fútbol: el infierno,
como le dicen algunos o a la apasionante
y fervorosa segunda división.

Excelente relato-biográfico de un jugador que tiene mucho para dar dentro y fuera del fútbol. Decía Quinquela Martín: "un hombre no vale por lo que tiene ni por lo que es, vale x lo que dá"... y aquí se puede leer la entrega de un hombre que considera al equipo lejos de los triunfos individuales.
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