sábado, 28 de julio de 2012

Passarella, ególatra desde la cuna...


La salida de Cavenaghi y Domínguez no responde, solamente,  a un factor deportivo. Passarella eligió esta manera sutil, utilizando a su DT Matías Almeyda,  para  quitarse de encima a los dos ídolos de River. Era una excusa lógica la de su rendimiento, debido a que ambos no habían tenido la misma actuación en los últimos diez partidos comparándola con el arranque de la estadía de River en la segunda categoría. Cavenaghi terminó su primera etapa del torneo con 15 goles en 19 partidos  y concluyó  el campeonato con 19 tantos en los 38 partidos, pero relegado en el segundo tramo a una posición que le es incómoda debido a la llegada de Trezeguét. Mientras que Domínguez convirtió 5 goles, pero fue quien llevó las riendas del equipo en todo momento. Le toco jugar de enganche, segundo delantero, media punta y hasta volante. Ambos fueron protagonistas indiscutidos del ascenso y, más allá de una leve baja en su rendimiento, no fueron removidos únicamente por motivos futbolísticos.
El manto de ego perteneciente a Daniel Passarella es lo que cubre al “mundo River”. He allí el motivo principal de la salida de los ídolos del club, que como otros tantos, debieron irse “por la puerta de atrás”. Daniel Passarella no soporta que alguien adquiera mayor fama o halagos que él. Él, siempre él. Ésta actitud de dictador que sostiene Daniel Alberto Passarella se remonta a sus inicios. Ya a sus 22 años, cuando aún era un purrete, se peleó con el glorioso DT que tenía River en ese entonces, Angel Labruna. El  futuro Kaiser rechazó jugar en una posición que  no le era natural. Por aquellos años no contaba con la espalda suficiente como para remover a un director técnico.  Ya instalado como el gran defensor central que tuvo River, Daniel se encargó de limpiar del equipo al mítico Beto Alonso, obligándolo a irse a Vélez hasta que el nacido en  Chacabuco se vaya del club, esa fue la primera batalla ganada por el Kaiser.
Ya como DT de River, Daniel Alberto no tenía en cuenta al gran goleador Gabriel Omar Batistuta. En el Millonario lo utilizaba como al quinto delantero, luego trasladó ese problema al seleccionado nacional. El Bati decía: "No compartía su idea, porque para mí una persona no se mide por el pelo o por si usa aros, pero acepté sus reglas porque yo quería jugar en la selección. No creo que vuelva a encontrar un técnico que se preocupe más por mi pelo que por los goles que pueda convertir".
Ya remontándonos por éstos últimos años, Passarella se encargó también de despedir “por la puerta de atrás” a Marcelo Gallardo.  No lo tuvo en cuenta primero como entrenador, en 2006. Y también se encargó de arruinar su despedida del fútbol con la banda roja en el año 2010, cuando asumía la presidencia. El Muñeco dijo: “Me fui dos veces de River, una con él (Passarella) como técnico. Me dijo que iba a armar una base diferente. Y la segunda me fui con él como presidente. Así que veo muy lejano mi regreso a River mientras esté él ahí”. Borrando también de la lista de ídolos a Leonardo Astrada y Diego Buonanotte.
Una de sus “batallas” más importantes y con más ruido fue contra Ariel Ortega, el último gran número 10 que tuvo River. El Burrito, como consecuencia de su adicción, no podía recuperar el nivel de otros años. En lugar de ser ayudado, ya que transitaba sus últimos años como profesional, el Kaiser optó por mirar hacia otro lado. "Passarella se cree que es Dios y te trata como una basura” decía Ortega.
Hoy, el gran ególatra, decide terminar con el sueño de Cavenaghi y Domínguez.  Su ensañamiento con Fernando comenzó cuando decidió echarlo de un vestuario, mientras “cavegol” jugaba en Europa.  El Kaiser no quería que él regrese a la institución, pero se vio sometido al clamor popular, que exigía la vuelta del joven ídolo. Mientras que Domínguez, nunca lo sedujo a Passarella como futbolista y sumado a eso, era el Chori quién le pedía al presidente que le paguen a sus compañeros y refaccionen el club, debido a que varios no cobraban hace meses y los baños “parecían de clubes del ascenso”.
Jugadores como Villalva, Funes Mori o Vila no son más, en materia futbolística, que Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez. La inoperancia con la que se manejo éste asunto es vergonzosa. En River justifican la salida de ambos porque quieren un equipo más veloz y se lanzan con una oferta “ridícula” por Guti, el jugador español ídolo del Real Madrid. José María Gutiérrez Hernández tiene 35 años y no se caracteriza por ser un jugador “veloz”. A eso se le suma que no tiene actividad profesional desde 2011. En un campeonato de Primera División, la inexperiencia de Villalva, Funes Mori o Vila puede ser un arma de doble filo de la cual River no tiene escapatoria, porque no tendrá a sus referentes ni siquiera en el banco de los suplentes. La llegada de David Trezeguét influyó en el equipo solamente dentro del verde césped. Nunca existieron peleas entre ambos, o aquella supuesta actitud egoísta de Cavenaghi de no darle el balón a David. Fue simplemente un factor de juego que afectó directamente al que hasta ese entonces era el 9 de área de River, Fernando Cavenaghi. La inversión millonaria, el currículum exitoso y la innegable calidad que tiene David Trezeguét le exigían un lugar entre los 11 titulares. Es por eso que “Cave” se vio afectado y tuvo que jugar en una posición que le es ajena, recostado sobre alguno de los laterales del sector ofensivo.
Passarella se encargó de terminar con el sueño de un capitán como Cavenaghi, y de un exquisito jugador como Domínguez. Ahora es el turno de David Trezeguét, quién recibió la capitanía del equipo en la vuelta a Primera. Veremos cuánto dura  Trezeguét como ídolo inmaculado, antes de que aparezca el Kaiser y finiquite con ello. Daniel Alberto Passarella es quien lleva en su brazo derecho una cinta de capitán, que deja entrever una palabra que amenaza a la historia de un campeón: el EGO.

martes, 10 de julio de 2012

Un hombre con temple de acero, la perseverancia de un deportista que hará eco en la eternidad.



Roger Federer convence y contagia con su tenis a cualquier ser humano. Opta por el esfuerzo y la dedicación. Invita hasta al más detractor de su estilo a sentarse y disfrutarlo. Porta un juego elegante que trasciende y atraviesa épocas.


De la ciudad de Basilea surgió el que años más tarde iba a ser señalado como el mejor tenista de todos los tiempos. Hasta los catorce años divagó por el mundo del deporte sin un destino cierto. El fútbol y el hockey sobre hielo lo seducían, hasta que en 1995 su vida hizo un click. Eligió a la raqueta de tenis como compañera hasta el final de su vida deportiva.  Así, Roger comenzó a escribir la historia más rica del tenis.
Quizá Federer le deba su sencillez a que  creció en un entorno de ganaderos y agricultores, en las afueras de Basilea. El suizo no se siente a gusto entre ejecutivos con traje y maletín.  El talento siempre lo tuvo, pero hay algo que lo hace diferente al resto: su frialdad.  Es de esas pocas personas de las cuales es imposible percibir si están felices o no. Su rostro se mantiene impoluto antes, durante y después del partido.  Pero no siempre fue el Roger Federer que estamos acostumbrados a ver.
Cuando comenzó en el tenis tenía un carácter insoportable, tanto, que cuando entrenaba en los centros de alto rendimiento rompía una infinidad  de raquetas que lanzaba contra el suelo al fallar un golpe. En ese momento de su vida, cuando debía aprender la esencia del juego sin ser un profesional, y aspirando a serlo, apareció el técnico sueco Peter Lindgren. Éste fue quién pudo controlar su ira y comenzar a crear al monstro que es hoy Federer.

En 1998 debutó como profesional absoluto de la ATP en el puesto 803 y dos años más tarde comenzó a ascender hasta el top 100. Pero  “Rogelio” comenzó a construir el castillo de su imperio que aún no tiene techo,  en el All England, la catedral del tenis.  El Wimbledon de 2001 marcó un antes y un después en su vida.  Allí enfrentó a su ídolo, a quien hasta ese entonces era el mejor de todos los tiempos, Pete Sampras. El suizo venció a su referente  tras más de tres horas por  7-6(7), 5-7, 6-4, 6-7 (2), 7-5. Su estilo de juego ha hecho que siempre pertenezca a la elite, que nunca abandone el top ten del ranking.
Especialistas en tenis, estadistas y, por qué no también, amantes de éste deporte desde el sillón de su casa, afirman que el modo de juego de Roger Federer se asimila al de otras épocas. Su juego lento se equipara al de antes, en el cuál no importaba tanto la velocidad como la técnica. Es especial, más elegante y menos vertiginoso. Lo hace desde la línea de fondo, y sólo se acerca a la red a la hora de cerrar partidos. Estamos en condiciones de comparar al nacido en Basilea con un maestro. Puede arrancar perdiendo, pero con Federer en cancha uno sabe que no debe moverse de la platea o  del televisor. Uno conoce de su perseverancia, que no lo ha abandonado jamás, que lo ha hecho resurgir de las cenizas como a un ave fénix. Roger siempre dice “Me gusta jugar contra tipos que me han derrotado al principio de mi carrera. Creo que será interesante ver cómo ambos hemos mejorado”.
Los amantes de otros estilos de juego como el de Nadal o Djokovic ya no saben que récord inventar, porque él siempre está ahí. Para quebrar cualquier tipo de pronóstico, para derrumbar especulaciones, para demostrar quién es Roger Federer. El “relojito suizo” es  el jugador con más Grand Slams (17), el jugador con más finales de Gran Slam (24), el que más victorias tiene en Grand Slam (244), el de más títulos del torneo Masters (6), el que más ganancias económicas tiene en todos los tiempos (72.9 millones dólares), el que más semanas seguidas ha sido el número uno del mundo (237). 88 récords tendríamos que enumerar para demostrar estadísticamente porque es el mejor de todos los tiempos.  
Con todas estas condecoraciones encima y el reconocimiento eterno por ser un verdadero maestro, sería aún más conmovedor que Roger rompa alguna vez con el protocolo de Señor y deje, por ejemplo, que sus dos pequeñas niñas invadan la cancha al consagrarse campeón de un torneo. Quizás esa distancia y frialdad que imponen los helvéticos ante los medios la guarden para casa.

Hoy, a los 30 años, conserva el mismo espíritu de juego que tenía cuando eligió tomar el mango de la raqueta con su mano derecha para inmortalizarse en cada slice convertido, en cada ace acertado.  Siempre ha sido competitivo, siempre humilde en las eras de Nadal y en la breve estancia de Djokovic como el mejor.  Lamentablemente,  es de carne y hueso.  De lo contrario podríamos verlo lucirse en una cancha de tenis hasta quién sabe qué edad.  Seamos devotos de estos tiempos, porque usted y yo hemos visto jugar a la leyenda viviente, hemos visto jugar a Roger Federer