martes, 30 de julio de 2013

No siempre descender es en bajada

¿Qué es descender? Según el diccionario, descender es el paso de una categoría o posición a otra inferior. La palabra descenso se ha puesto de moda en el fútbol argentino. No por su consecuencia deportiva, porque al fin y al cabo son números. Números que no borran el pasado de un equipo. Números que no matan una identidad. La palabra descenso gobierna(o aterra) al fútbol argentino por su impacto social. Descender te hace más chico. Te minimiza ante la cargada de tu eterno clásico. Te desnuda y deja indefenso. Hoy, los equipos denominados Grandes en el fútbol argentino conviven con la palabra descenso. Pero para entender la totalidad de la cuestión se necesita saber ¿qué es ser un equipo Grande en la Argentina?

Institucionalmente, en 1934, cuando se creó la Asociación del Fútbol Argentino, los clubes más populares empezaron a presionar para obtener mayor peso en la toma de decisiones. En una reunión del Consejo Directivo de la AFA, el 5 de agosto de 1937, se dispuso establecer el voto proporcional. Estos fueron los fundamentos:

·         Tres votos: Los clubes que tengan más de 15.000 socios, 20 años de participación consecutiva en los torneos oficiales y hayan sido campeón en 2 o más temporadas.
·         Dos votos: Al club con más de 10.000 socios y menos de 15.000, o el que no teniendo esa cifra, haya sido campeón de primera y tenga en la división una antigüedad no menor de 20 años.
·         Un voto: Al club que no esté comprendido en alguno de los incisos anteriores.1

Los clubes que pasaron a tener tres votos fueron Boca, Independiente, Racing, River y San Lorenzo. El dinero también ha jugado su partida. Fueron los “clubes grandes” quienes le arrebataban, por su imponente capital, a los mejores jugadores de los “clubes chicos”.
Buenos Aires se adueñó del fútbol. El Boca- River se convirtió en el clásico del país. Este partido se muestra como una identificación propia del criollo. Todos tienen su Boca- River en la vida. En la cotidianeidad.

Los éxitos deportivos acompañan. Estos cinco equipos se hicieron de todos los torneos locales desde 1931 a 1966. Ser grande en el fútbol argentino es un conjunto de momentos, sensaciones y decisiones. Estos equipos son grandes por su peso histórico. Por su gente. Por sus éxitos. Pero también por sus fracasos.

Hoy, cuatro de estos cinco Grandes han saboreado el descenso. Pueden dividirse en dos etapas. Racing y San Lorenzo en un momento sociocultural-histórico especial. River e Independiente en tiempos del capitalismo devorador. Hay una coincidencia. Algo hicieron mal. 






El descenso de San Lorenzo y Racing:

San Lorenzo, el primero de la amarga lista.

No existían los promedios y entonces descendían los dos peores de la tabla del Metropolitano. Cuando llegó la última fecha, Colón ya estaba descendido, mientras que el otro lugar tenía dos candidatos: San Lorenzo y un Argentinos que sufría la ida de Maradona. Por esas curiosidades del destino en la última fecha quedaron frente a frente en la cancha de Ferro. El Ciclón tenía un punto más y con el empate zafaba. San Lorenzo descendió. El club vivía una situación económica demasiado delicada. Tenía embargos en boleterías y atrasos en los sueldos de los futbolistas y el personal de la institución. Los pibes dieron la cara y su gente descendió con lágrimas en sus ojos. La violencia no se hizo presente. El paso de San Lorenzo por la B fue inolvidable porque revolucionó el fútbol de los sábados.

Racing, el primer grande que cae por los promedios (hoy promiedos).

Racing también sobrellevaba una situación económica delicada. No tan grande como se vivió en San Lorenzo. Para el Metropolitano del 83  había hecho incorporaciones con cierto renombre para ese torneo, como Félix OrtePedro MagallanesOsvaldo Rinaldi y José Luis Tesare. Totalizó 11 victorias, 8 empates y 17 derrotas, terminando antepenúltimo. En el último partido hubo una batalla campal entre hinchas y policías en las tribunas. El árbitro Teodoro Nitti suspendió el encuentro y se decretó el descenso de Racing.


El descenso de River e Independiente:

River y el descenso que nadie imaginaba.

Tras salir campeón del Clausura 2008, River realizó la peor campaña de su historia. Con el mismo técnico que dio la vuelta olímpica, Diego Simeone, los de Núñez terminaron últimos en la tabla del Apertura 2008. Luego, la lista de jugadores y DT´s que desfilaron por el club es interminable. Diferentes estilos y una deuda que crecía a pasos agigantados. Los resultados no acompañaban. Un descenso que agonizaba ante los ojos del mundo y nadie quería creer. La violencia se hizo presente en Nuñez. Los Barras protagonizaron la escena. El Monumental quedó devastado. Su gente también.


Independiente, el gemelo tardío de River.

Ambos equipos vivieron un cambio de dirigencia, ya sea el de José María Aguilar entregando un club arruinado a Daniel Passarella, o el de Julio Comparada haciendo lo propio con Javier Cantero. Estos heredaron problemas económicos, deportivos e institucionales, pero tampoco pueden lavarse las manos: contaron con tiempo para revertir la situación, pero nunca le encontraron la vuelta. Tanto el Kaiser como Cantero fueron acusados de pecar de soberbia y no dejarse ayudar. En el plano deportivo, los hombres de experiencia nunca aparecieron y los entrenadores fueron pasando: distintos estilos y formas de encarar los duelos, mismos resultados. JJ López terminó cargando con la piedra de perder la categoría, al igual que le pasa ahora a Miguel Brindisi, pero lo cierto es que la responsabilidad también le cabe a muchos otros DT.

La diferencia apareció en el final. Tal vez porque en la sociedad estaba fijada la idea de que el equipo grande también se cae. Independiente se fue en paz. Pero con una guerra interna salvaje. Que aún salpica sangre a estos días que corren.


Nos vamos. Pero también volvemos. Mi objetivo es que descender ya no sea sinónimo de violencia. Que el único fantasma sea el de los dibujitos. Que todo se de como en la canción, porque “No siempre descender es en bajada”

sábado, 1 de junio de 2013

Fútbol argentino: criollismo, genética y ciencia.



Fuimos dueños del planeta en dos ocasiones. Tocamos el cielo bajo el dictado del “toque, toque y toque” y también con el inconfundible “meta, meta y meta”.  La pelota no se empapó de sangre en el 78 y se vistió de superhéroe en el 86, por aquellos caídos en Malvinas.

Menotti y Bilardo. Bilardo y Menotti. Los directores técnicos más googleados de la historia de nuestro fútbol. Las dos veredas que separan a una calle repleta de hazañas, triunfos, contextos y decepciones. 



César Luis Menotti. El paradigma del criollismo. El abuelo de la gambeta, el caño y el sombrero.  Menotti sostiene que “el talento y la habilidad  deben predominar siempre sobre el despliegue y la fuerza física”. Ese fútbol que nos diferenciaba del que trajeron los británicos a nuestro país. Otra manera de pensar, de sentir y ejecutar. Algo que se lleva en la sangre, como el tango. Argentina dio la vuelta olímpica en su casa.

Carlos Salvador Bilardo fue el mejor alumno de la escuela del Estudiantes de Zubeldía. Di Stéfano, triunfando en Europa, dijo que “los argentinos tienen que olvidarse de la pisadita y el jueguito de media cancha, frente al fútbol europeo, esto no tienen ningún valor”. Hizo mundialista la idea que había tenido su maestro. Para Bilardo, la fuerza estaba por sobre la técnica. El trabajo y la disciplina al servicio de la victoria. La inmigración en años pasados de italianos y españoles creó una máquina con genética perfecta que conquistó su segunda Copa del Mundo en 1986.

En la vida futbolística de estos dos hombres, aparece otro que se queda con el amor del pueblo dominguero: Diego Armando Maradona.

En el lugar correcto y en el momento indicado. Funcionó con ambos. Con Menotti, en 1979, dio sus primeros conciertos. Ganó el Mundial juvenil de punta a punta. Con Bilardo, en 1986, ensayó la obra de arte más grande de la historia. En ese equipo no había lugar para dos Maradona. El trabajo sucio lo hacían sus compañeros.  Maradona fue mucho más que el ideal de cualquier entrenador. Fue una idea de Dios en un momento revolucionario. Maradona fue la mezcla perfecta de momentos y creencias.  Fue la combinación del criollismo abanderado por Menotti y el fútbol heredado, creado por Zubeldía y perfeccionado por Bilardo. Diego fue un criollo que gambeteó con el cuchillo entre los dientes.



Fuimos campeones creyendo en el romanticismo de Menotti. Dimos la vuelta apoyando la disciplina de Bilardo. En la novela del fútbol, usted elige con quién casarse.

Lo cierto es que ahora nos enfrentamos a un nuevo cambio.  El fútbol matemático nos domina.  El Dr. Sabella trabaja en su laboratorio en Ezeiza. Para colmo, apareció un rosarino con la zurda de una máquina. Messi se adueña del fútbol de los flashes y los vídeos en HD. 

Diego sobrevivió en años románticos y también en épocas disciplinadas, ¿sobrevivirá Messi en los tiempos de la ciencia?

domingo, 26 de mayo de 2013

Brian Castaño, Boxi para los amigos.

Golpeado. Lastimado. Cortado. Así se veía el futuro del boxeo argentino. Ilusionados con los golpes de una Maravilla de cuarenta pirulos. Viendo como la gloria se la llevan otros. Rompiendo el récord de visitas de vídeos en YouTube para revivir a Monzón. Todo eso parece haber acabado. El Luna Park está mostrando, poco a poco, a su nuevo diamante. 


Brian Carlos Castaño. Boxi, para los amigos. El destino no quiso que lo conozcamos en los Juegos de Londres 2012. Tenía que ser acá. En el Luna Park. En la catedral del boxeo argentino. Tiene apenas 4 combates profesionales. Ganó 3 por knockout. Ronda las 190 apariciones en el amateurismo y es ex capitán de la selección argentina de boxeo amateur.


Tiene la mirada de un asesino que vive de la sangre de su rival. Los músculos de un soldado romano y el peinado de un nene de barrio. “Quiero marcar historia en el boxeo” declaró humildemente. Así empiezan. ‘’ Cuando le clavé la mirada estaba pensando: ‘Esta noche te voy a matar ‘’ dijo alguna vez Monzón, subido al elefante de la fama. Castaño también debe tener eso que endiosa al argentino para entrar al Partenón de los ídolos. Las declaraciones te permiten escalar. Los golpes mantenerte. 


Su apellido ya hizo eco en alguna reunión en Estados Unidos. La promotora estadounidense Top Rank, del legendario Bob Arum, ya lo tiene en la mira y apuesta a sumarlo a sus filas para manejarlo dentro del mercado estadounidense.


Fui testigo. Es una lluvia de golpes en un abrir y cerrar de ojos. Cuando entrena genera el silencio de los allí presentes. Repito, fui testigo. Domínguez, Paz y Roldán saben que pega fuerte. Dos de ellos noqueados. Roldan aguantó hasta el final. Todavía está buscando sus neuronas. La víctima de ayer nació en Córdoba: Cesar Humberto Vélez. Segundo round y a la lona. Para que agregar más.


No debe perder el fuego sagrado. La mirada asesina que tiene a los 23 años tiene que estar intacta a los 40. El boxeo argentino necesita recuperar su trono. El rating debe volver a empacharse de guantes y sudor y no de negocios que tapar, política que ensuciar y fútbol que mostrar.


La cumbia, el mate y nuestra bandera quieren volver a Las Vegas. Brian Castaño permite que nos ilusionemos. Cuestión de entrenar. El gran viaje se acerca…


jueves, 2 de mayo de 2013

Dieciséis años después…


28 de mayo de 1997, Estadio Olímpico de Munich. 59.000 espectadores vieron en carne propia  como el Borussia Dortmund volvía al pedestal que había abandonado. El  25 de mayo de 2013 Wembley volverá a teñirse de amarillo. Sí, alemanes en Inglaterra.  Dieciséis años después…



Aquella vez el rival fue la Juventus de Zidane. 3 - 1 para el Dortmund. Dos goles del implacable Karl-Heinz Riedle y otro, a los setenta minutos, del ingresado Lars Ricken.  Con este triunfo el Borussia fue el primer equipo alemán en ganar la UEFA Champions League, ya que el FC Bayern Münich la había ganado en tres oportunidades en la década del 70, lo mismo que el Hamburger SV en 1983; pero bajo el formato de "Copa de Europa".

Con la número 5 jugó Jürgen Kohler. Hoy tiene 47 años y juega, ocasionalmente, en el Alemannia Adendorf de la Kreisliga C. El capitán de aquel equipo era  Matthias Sammer. Defensor y tremendo goleador. Fue Balón de Oro en 1996. Hoy es Director Deportivo del Bayern Munich.  La mitad de la cancha la habitaba un escocés, Paul Christopher Lambert. Fue el que detuvo a Zidane en aquella final. Con 43 años es el manager del Aston Villa.

El hombre distintivo del equipo fue Karl-Heinz Riedle. En esa fría noche alemana fue el único que tuvo calor. Convirtió dos goles. Campeón del mundo en 1990 con la selección alemana. Podría haber sido actor de películas, eligió comprarse un hotel cuatro estrellas y un complejo deportivo en la localidad alemana de Oberstaufen. El compañero de ataque del alemán fue Stéphane Chapuisat. Suizo. Héroe en su país antes de que aparezca un tal Roger Federer, quién había decidido dejar la escuela y dedicarse al tenis. Chapuisat se destacó anotando más de 100 goles en 218 presentaciones. Hoy, Chappi sigue ligado al fútbol. Es caza talentos  del Young Boys de Berna. No puedo olvidarme de Lars Ricken. Noche soñada. Entró a veinte minutos del final y liquidó el partido. Jugó toda su carrera en Borussia Dortmund. En la actualidad, es el director de las categorías inferiores del Borussia, mientras busca el título de entrenador.

Nos queda el más iluminado de todos. Ottmar Hitzfeld, el entrenador. Ganó poco como jugador. Ganó todo como entrenador. Actualmente es el DT de la selección de Suiza. También es profesor de matemáticas en un instituto. Matemático loco y ganador. Hablando de locos, un tal Jürgen Klopp vestía los colores del FSV Mainz 05. Klopp jugó en el Mainz. Dirigió al Mainz. Salvó al Mainz. Ahora es profeta en esas tierras.

De la gloria de haber derrotado a la Juventus de Marcelo Lippi, a caer en una crisis económica- financiera que dejó al club en la lona. Leverkusen y Bayern Munich reinaron Alemania en esos tiempos.
Sí, 2005 fue el año bisagra. La crisis ha sido superada mediante unas reformas institucionales y económicas que tienen como principal objetivo priorizar la utilización de jugadores provenientes de la cantera y así no tener que comprar jugadores de otros clubes. El club cuenta con el promedio de espectadores más alto de Alemania y de Europa.

Llegó Klopp. Volvió la calma. Aquella final, disputada en Alemania, fue producto de una institución poderosa que compraba y compraba porque sus vitrinas lo respaldaban. La crisis pasó y el científico llegó. Jurgen venía de salvar al Mainz. Llegó con un librito lleno de secretos y una idea fija: la cantera.
Con lentes, sonrisa pícara y barba de unos días. Es equilibrado porque conoce los extremos: Guardiola y Mourinho. Los admira.

Klopp creó, gracias a su idea de defender al patrimonio del club, a Mario Götze. Lo subió al primer equipo en 2009. Hoy es una de las máximas figuras del fútbol europeo, ya vendido al Bayern Munich. Marco Reus y su velocidad supersónica también son producto de las inferiores del Dortmund. Klopp apostó por Lewandowski cuando nadie lo hacía. Menos mal que Robert se decidió por Polonia, y no por Alemania. Qué sentido tendría Brasil 2014 si Lewandowski hubiera sido teutón.

Wembley recibirá al equipo más científico del mundo. A la revelación de Europa. Sí, dieciséis años después Borussia Dortmund vuelve a una final de Champions. Más fuertes que nunca y con un equipo que ataca en puntitas de pie y defiende con la genética de aquellos leones que dejaron la vida en mayo del 97…

miércoles, 24 de abril de 2013

Bastian Schweinsteiger, algo queda de la vieja Alemania.

El nombre Bastian significa el venerado. Son personas con carácter. De temperamento bilioso y un poco nerviosos. Poseen energía de sobra. Les gusta el poder y el mando.

Este nació en un pequeño pueblo de Rosenheim , Alemania. A los 14 años llegó al Bayern Munich y en 2002 debutó en la Bundesliga. Bastian Schweinsteiger es un alemán de raza.



El mejor modelo que podría haber creado Mercedes-Benz. Capitán, con o sin cinta, del Bayern Munich. Soldado de Jupp Heynckes, su entrenador. Tiene el peinado de un oficial nazi y la mirada de un actor de Hollywood. En lo futbolístico, posee una potencia y un golpeo de balón desde fuera del área extraordinarios, al igual que una gran capacidad para los pases cruzados.

Amo y señor de la Bundesliga. Nunca ganó un Mundial. Nunca ganó una Champions League. Siempre llegó. En 2006 y en casa, se despidió en las semifinales frente a Italia. En 2010 se quedó con las manos vacías también en semifinales y ante España, quién luego campeonaría.

En Champions, aplaudió hasta el cansancio la labor del Inter de Mourinho. Fue un contundente 2-0, pero el capitán frío sabía que iba a tener otra oportunidad. Llegó la final en el Allianz Arena, otra vez en casa. Otro planteo mezquino de posesión de balón, esta vez personificado en el Chelsea, lo dejó en la puerta de una consagración europea. Por penales, el equipo del aventurado Di Matteo le ganó al Bayern Munich del comandante Jupp Heynckes. Reconoció otra vez la derrota. Siempre de pie. Ahora con su entrenador preferido. Con el que lo hace capitán entre capitanes.

Ahora, Wembley se empachará de alemanes. Bastian Schweinsteiger está a noventa minutos de llegar por tercera vez a ver La Orejona de cerca. Este jugador alemán conoce la derrota como nadie. La enfrentó noventa y nueve veces. Se levantó cien veces más.

Sobrevive como un perro de montaña al cambio de genética que está sufriendo el jugador alemán. Comandando a Miroslav Klose antes, hoy a Mario Gómez y tal vez mañana al delantero de moda, Robert Lewandowski. Odiado por sus rivales y amado por sus compañeros. Nació para triunfar. Para estar entre los mediocentros más grandes de la historia.

Su gen no falla. Tiene la mirada asesina como la tuvieron ellos. La misma mirada que Hermann Goering, un político y militar alemán, miembro y figura prominente del Partido Nazi. Cree que va a ganar. Como alguna vez creyeron haberlo hecho ellos.

Hay una diferencia. Esto es fútbol.

Ahora llega Guardiola y la pregunta se vuelve ineludible, ¿podrá Pep hacer bailar flamenco al Sabueso bávaro de montaña?

jueves, 7 de marzo de 2013

El último falcionista


El fútbol ha convertido a los entrenadores en protagonistas.  Atrás quedó el Santos de Pelé o el Nápoli de Maradona, por citar algunos ejemplos.  Hoy, los libros hablan del Barcelona de Guardiola, o el Inter de Mourinho, entre otros.  Dicen que ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Y todos juntos juegan de tal o cual manera, gracias a su entrenador.
Carlos Bianchi regresó a Boca Juniors. Empachado de copas, pero han pasado diez años desde aquella última conquista continental.  La víctima había sido el Santos de Brasil.
La era del último emperador que tuvo La Bombonera ha pasado. Julio César Falcioni debe estar fumando tabaco en algún sillón de su casa, mientras algunos de sus ex dirigidos penden de un hilo.
El fútbol genera comunión. Bianchi es el maestro de Riquelme. Riquelme y sus discípulos veneran al calvo entrenador. Pero en Boca quedan secuelas del último director técnico que les ha dado un título. Quedan registros de Falcioni en las perlitas de Orión, en los errores de Caruzzo, en las faltas de Somoza, en la ausencia de Rivero y en la desesperación de Silva. Pero no todas son malas.  Queda Walter Erviti, el verdadero producto made in Falcioni.
A los demás, les queda poco hilo en el carretel. Orión es el único que genera alguna duda. Comete errores garrafales, pero se hace gigante desde los doce pasos. Caruzzo es uno de los principales culpables. Su papel como marcador central deja mucho que desear. De todas maneras, la solución defensiva tampoco está en las milicias de Bianchi. Habrá que esperar a junio.
Somoza se quitó sólo del camino. La vacuna contra sus falencias se llama Cristian Erbes. Rivero tuvo momentos fugaces. La palabra fugaz no convive con la semejante historia que tiene La Bombonera. Silva estuvo ahí: guapo, luchador y sanguíneo en todo momento. Tal vez por eso falló, porque cuando se necesitaba ser frío y pensante, como lo fue Palermo, no pudo contra su ira. Jekyll y Mr Hyde. Día y oscuridad.
Ellos pasarán, pero uno permanecerá. Walter Erviti. Por multicampeón y habilidoso. Porta el gen de crack en sus venas. Se adapta, se camufla, sobrevive. Se entremezclará entre los que responden a Riquelme: Clemente Rodríguez, su fiel compañero;  Viatri, el llanero solitario y los jóvenes que actúan a imagen y semejanza del número diez.
El apellido Erviti encaja en cualquier idea de juego.  Comulga con cualquier entrenador. En el potrero jugaba para el equipo del gordito, dueño de la pelota.  O para el del líder, fanfarrón pero habilidoso. ADN de campeón.
El oriundo de Mar del Plata debe sobrevivir a los últimos tramos de la era Riquelme, o también  puede convertirse en un soldado de Bianchi. O quizás marcharse y conquistar nuevas tierras de cal y césped.

Allá por el año 2003,  Edward Zwick se atrevió a dirigir una película llamada El último samurái. Erviti no será Tom Cruise, pero conserva algo mítico de aquellos caballeros que arriesgaban su vida por el honor y la patria. Vive en Buenos Aires, juega en Boca Juniors y es el último falcionista que queda en La Bombonera…