jueves, 3 de abril de 2014

No son tiempos de Virreyes

Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre fue el último Virrey del Río de la Plata. Marino español designado al cargo de Virrey por la Junta Central. Terminó huyendo porque lo que años más tarde sería una República, no necesitaba de un Virrey. En estos tiempos que corren, el sorprendente mundo del fútbol ha bautizado como Virrey de América a Carlos Bianchi, DT argentino. Carlos conoció las mieles del éxito a comienzos del nuevo milenio, pero diez años después, el fútbol argentino aprendió a convivir sin él. Sí, sin él. Porque el fútbol no es un Virreinato ni mucho menos declaraciones triunfalistas. El fútbol es simplemente fútbol. Por ello no necesita de dioses, reyes ni príncipes.

Ante todo, vale aclarar que les propongo un juego de fantasías y suposiciones. Porque, como todos sabemos, ya no existe Cisneros, Cisneros no fue como Bianchi y Bianchi no es un Virrey.

Carlos “se despertó de la siesta” suponiendo que todo seguía igual. Suponiendo que Dida aún ataja en el Milán y Shevchenko sigue siendo su joya y que en Erbes puede encontrar a su Diego Cagna. Lo cierto es que Dida gasta sus últimos cartuchos en el fútbol brasileño, Shevchenko se dedica al golf y Boca juega sin carrilero derecho.

Volvió hecho un rememorador de hazañas y un enemigo de la comunicación. Carlos, ni siquiera el periodismo continúa siendo el mismo que hace diez años por más que Tití y Benedetto continúen haciendo campo de juego.

Ya no se rodea de tipos que saben de fútbol y se acobija diciendo que “Román, con su fútbol, nos va a aportar algo diferente”. Don Carlos, se lo hubiese creído si Riquelme fuese el mismo que le hizo un fenomenal caño a Yépes. Los años pasan para todos. Y deje, de una vez por todas, de hablar de la suerte. Porque la suerte es el momento en el que la preparación y la oportunidad se cruzan. Y su equipo no sabe mucho de preparación.


No son tiempos de Virreyes, aunque en La Bombonera aterrice un mellizo, un loco o un vasco. Pero esa, es otra historia…

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