Romário Da Souza Faria nacido en el corazón de Río de Janeiro, Brasil. Un goleador de raza. El tigre apareció, pegó el zarpazo y se esfumo. El arquero, atrapado en su jaula , no tiene tiempo ni de pestañear. Romario convirtió goles de todos los colores, de media vuelta, de chilena , de volea , de chanfle , de taco .
Nació en la miseria, en la favela de Jacarezinho, pero este pequeño gigante desde niño ya ensayaba la firma para los miles de autógrafos que iba a firmar en su vida. Siempre hizo lo que quizo, se iba de fiesta , parrandero como pocos , y siempre dijo lo que pensaba . Romario ahora tiene una colección de Mercedes Benz pero sus mejores amigos no están en una corte de Madrid o en una reunión de magnates. Siguen siendo aquellos impresentables buscavidas que en la infancia le enseñaron el secreto del zarpazo del tigre.
Cuenta la leyenda que Romario convirtió mas de mil goles , que mas de mil veces dejó sin voz a todo tipo de clase social. A ese viejo que miraba sus partidos y gritaba sus goles a la vuelta de su casa en un rincón de la favela y también a ese hombre que estaba sentado en una platea del Camp Nou. Todos querían tener al Chapulín en su equipo. Vistió las dos camisetas del clásico mas viejo de la historia. Jugó para Flamengo y también supo hacerlo para Fluminense. Conquistó España. Pasó por la tierra de los pretrodólares, brilló en el lugar donde se hacen las mejores películas y hasta se dio el lujo de jugar en Australia , donde los canguros y las olas son mas importantes que ver a la caprichosa andar.
Pasó Romario , un bajito de estatura pero un gigante del fútbol. El de las 50 gambetas en una milésima de segundo. El que no se olvida de sus comienzos , de la gente que le enseño a besar al balón con sus botines.
Daría mil y un partidos por ver a ese metro sesenta y ocho correr en una cancha. Gracias fútbol por parir a Romario.
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