domingo, 16 de diciembre de 2012

El ejército de las mil piernas.


Allá por el  siglo VI a. C, Roma fundó al mejor ejército de la historia. Motivos, muchos.  Tenían superioridad estratégica y táctica, suministro de tropa cualificada. Y dos factores que los distinguieron por sobre el resto: capacidad de innovación y producción.  Todos los caminos conducen a Roma, dicen. Se acabó. Todos los caminos conducen al Camp Nou, dirán el día del juicio final.
Allí están, en todas partes. Para hostigarte. Para que te des cuenta que el trabajo físico de la semana de nada sirve. Para hacerte saber que cada uno de esos apellidos quedará en la historia. Serán profetas en sus tierras. En cada pueblo dirán: “de aquí salió él”.  Sí, señor lector, hablamos del Barcelona, ¿qué otro puede haber?

Inventores de su propia ley, la de los seis segundos. Es el tiempo que tardan para recuperar el balón. En un abrir y cerrar de ojos, el Barcelona te quitó la pelota. Reyes de la posesión y gobernadores del balón. “El Barcelona te mata de a poco”, escuché decir. Y peor aún, te mata cuando quiere.

De Cruyff hasta Vilanova, pasando por van Gaal, Rijkaard y Guardiola (verdadero protagonista). También desde Ronaldinho, Ibrahimovic, Henry hasta Messi (verdadero protagonista).
Respetando a la inmaculada cantera, llegaron a la cima del fútbol mundial. Hoy, la mayoría de la plantilla profesional, surgió de La Masía. Ellos son leyenda:

El emblema es Puyol, quién demostró que se puede cambiar la forma de juego.  Tarzán se quitó las pieles y pasó a vivir de la selva a la ciudad. Piqué, el verdadero mariscal. El central que ve todo desde arriba, pero cuando baja y se convierte en mortal, demuestra que el talento no se quedó en Manchester.
Dani Alves, el defensor que tiene el pase VIP para juntarse con Messi. Nació en Brasil, ¿algo más para agregar? Retornó un tal Jordi Alba, que con los genes de La Masía, se asegura un contrato eterno por el lateral izquierdo.  Volvió  también a las filas del Barcelona Cesc Fábregas, a quién decían de chico que heredaría la gloria. De a poco se va cumpliendo. Fábregas es la pierna derecha de Messi y  obtendrá el cargo que dejará Xavi.

Xavi, el jugador que no debería trabajar el día del maestro. El pulmón que hace que Barcelona respire. Entrenó con todos. Desde 2002 y a sus 32 años le enseña al mundo que la consagración llega, tarda pero llega. Iniesta, el cerebro. Dicen que este genio se escapó de alguna lámpara perdida en Albacete. Don Andrés no envejece. Es parte de la Santísima Trinidad que completan Xavi y Messi.

Messi. Párrafo aparte. Único. Irremplazable  El verdadero motivo de éste texto. No quieren decir su verdad. Afirman que nació en Argentina para tapar que un OVNI aterrizó en Rosario. Imagínese lo que sería revelar tremendo secreto. La pieza más importante y difícil de conseguir en el mundo. Los récords, para él,  no merecen llamarse obstáculos. Ochenta y tantos goles en un año. Aún puede ser el máximo goleador de la historia de la Champions, el máximo goleador del Barcelona (contando amistosos), máximo goleador de la liga española y el máximo goleador de la selección argentina. Ah, tiene 25 años. Gracias.

Busquets hace el trabajo silencioso. Opera sin gritos. Teje en la clandestinidad. Recoge los laureles que no levanta la Santísima Trinidad. Sergio sabe que puede jugar en un pantano con smoking. Pedro es sinónimo de gol. Pedro es trabajo. Tan culpable del éxito del Barcelona como sus compañeros. Véanlo jugar. No se queda quieto. Siempre buscando el espacio ciego para el pique corto. Nos queda uno, David Villa. Cuestionado, tal vez porque su juego no se parece al de sus compañeros. Villa es la estúpida excusa de encontrarle un defecto a un equipo que causa mil efectos.

Tito y Pep: Un equipo hacía menos goles y recibía menos aún. Otro hace más, pero le convierten más. Cuestión de gustos. El juego del Barcelona no envejece. Vive en una juventud eterna. Estética e infinita.
Un equipo que convierte al arquero en un espectador de lujo. Desde que empezó la “era Guardiola” a hoy, el Barcelona ronda los 700 goles a favor.  

Es por eso que, querido lector, borre al ejército romano de los libros de historia. Quemen los documentos. Apareció un nuevo ejército que asecha al mundo. Apareció el Barcelona, el ejército de las mil piernas…

sábado, 10 de noviembre de 2012

En el nombre de Diego, de Messi y del próximo que venga.

Buenos Aires es sin dudas la ciudad de la furia. Aquél día, con 40 grados de calor, entré a una heladería. Mientras elegía los gustos, en la televisión pasaban vídeos de Messi y Maradona. Fue allí cuando me pregunte, ¿quién es mejor?


Maradona- Messi. Messi- Maradona. Los apellidos que trasladan a todos los argentinos, al menos por un ratito, a otro planeta. Al de los sueños, la fantasía, el liderazgo( de Diego), la educación( de Leo). Así quedan, exaltados, victimas de aquella gambeta endemoniada o del pique eléctrico.

Uno terminó su carrera. El otro aún no tiene techo. 
Uno es un jugador "de potrero". El otro de "PlayStation".
Uno desafiaba a los poderosos, a los dueños del fútbol. Los ponía en ridículo. Otro desafía a las leyes de la naturaleza. El trabajo más difícil del mundo es ser estadígrafo de Messi. Va por todo. Sin quererlo. Lo hace.
Hace tiempo todos tenían la camiseta número 10 del Nápoli. Hoy, en el mundo entero, se vende la número 10 del Barcelona.
A Maradona, hoy día, le reclaman un cambio en su actitud, en su forma de actuar. Todos saben que jamás llegará ese día. A Messi quieren involucrarlo en escándalos para que demuestre, que por sus venas, corre sangre criolla. Ese día quizás no llegue.
A uno lo provocaban o insultaban para sacarlo del partido. Él los callaba con su número diez bañada de barro. A otro le imponen récords, algunos casi exagerados, para encontrarle una falla. Para que no pertenezca al Olimpo de los diferentes. Él sigue batiéndolos. 
Uno heredó su personalidad de Villa Fiorito. Pudo enemistarse con poderosos y hasta ganarles. Pero también, por ese "maldito carácter", muchas otras veces le tocó perder. Quedarse solo. Otro tuvo la mejor educación de todas. Fue apadrinado por un tal "Pep Guardiola", que poco sabe de ésto. Ahora, con su salida del Barca, quizás Messi adquiera la personalidad y madurez que muchos le piden. 
Por ahí  no sea necesario que se adueñe de esa cualidad. Porque Messi tiene una capacidad goleadora extraordinaria. Cuando Diego tenía 25 años, había convertido 220 tantos. Messi ya lleva 323 gritos( algunos ya casi ni los grita, los siente).
Maradona fue criticado. Hasta antes del Mundial 86, se esperaba que Diego haga en la selección lo que venía ratificando en Argentinos, Boca, Barcelona, étc. De Messi se espera que en el próximo Mundial demuestre lo que ya todos conocemos como "lo que hace allá, en Barcelona".
Luego de haber hecho la creación más hermosa en México 86, la selección de Diego fue silbada en la Copa América de 1987. Quizás Messi haga alguna jugada digna de un laboratorio futurista en Brasil 2014, y en la Copa América del 2015, lo silben. El fútbol es amor y odio. Nada nuevo.
Los detractores de Maradona quedaron enterrados o escondidos en algún lugar del mundo. Lo mismo sucederá con los difamadores de Messi. Algunos se camuflaran con los que "nunca dudaron de él". Otros se callarán la boca y verán al genio actuar.
Saben que son los elegidos para cargarse un equipo al hombro. Cada uno a su manera. Son competitivos. Insaciables. Completos técnicamente. Más los aguijonean, mejor juegan. Son argentinos.


Maradona es Nápoles. Messi es Barcelona. No tiene sentido compararlos.¿O alguna de las ciudades es más linda que la otra para vivir? Son gustos.
En el día del juicio final, todo lo vivido se reducirá a un simple e insignificante ranking.
Maradona le pasa la posta a Messi. Le entrega el banderín de ídolo. Para que Messi, en algún momento, se la ceda a otro futbolista y pueda formarse la Santísima Trinidad del fútbol argentino. 
Maradona y Messi son cómo el chocolate y la frutilla, por eso no decido compararlos, sino integrarlos. Me fui contento, porque ambos gustos, entraron en mi helado...


lunes, 29 de octubre de 2012

Lo de afuera, ya es un Superclásico…


El Superclásico que atrapa a creyentes y ateos del fútbol volvió a disputarse. Fue un partido vibrante. River Plate, recientemente ascendido, venció 3 a 1 a Boca. David Trezeguét, con un remate desde afuera del área, sentenció el partido y les dio el tan ansiado triunfo a los simpatizantes Millonarios.  Rodrigo Mora,  quien pasó desapercibido en el partido, salió antes de que se venga el empate del club Xeneize. El partido finalizó. River ganó y Boca demostró ráfagas de buen fútbol.



Bien, es hora de asumir lo que pasó. En el momento en que se ponían a pensar los titulares para el día siguiente. Cuando los estadistas modificaban los números, Boca lo empató. Sí, leyó bien.
El remate de Trezeguét, desde afuera del área, desembocó en un contraataque letal de Boca Juniors. La jugada, conducida por el joven Paredes y finalizada por Walter Erviti, terminó en el gol del empate. Rodrigo Mora, quién había sido la tortura de la última línea defensiva de Boca, salió por Funes Mori. Fue 2 a 2. Hasta el otro Superclásico. Fin de la historia.
Señores, y más aún va dirigido a los jóvenes. El fútbol es prueba y error. Es el arte de la improvisación. No se queden solamente con el remate último de Trezeguét o con el partido que hizo Mora.  Qué culpa tiene Trezeguet de haber rematado. Es goleador. Es delantero. Qué podía saber él que luego vendría el gol de Boca. Basta de decir que si Mora se quedaba en la cancha, River ganaba. Con Mora en cancha, Boca podría haberlo empatado y hasta incluso haberlo ganado. Queridos amigos, los partidos no se cierran. Poner más defensores no es el secreto del éxito.
Acuérdense de Alemania 2006.  Argentina estaba siendo muy superior a los alemanes ; con Riquelme en cancha. El equipo de Pekerman jugaba al fútbol con identidad y presencia. Luego intentó jugar a defender, sacando a Riquelme y dejando a una joya como Lionel Messi en el banco. Jugando a defender, Alemania lo empató.  Los que sabían tratar a la pelota como Riquelme y Messi vieron como su país quedaba eliminado desde el banco de los suplentes, sin poder hacer nada. Más aún Agüero, que lo vio por televisión. Ejemplo claro y certero.
Pero hay algo alarmante. Se juega mal. Con miedo. Presionados. Faltan educadores de fútbol. Los mejores: están afuera. Aquí quedan apenas destellos. Hoy, los frutos los recogen Martino y Gareca. Newell´s y Vélez, los dos mejores equipos de la Argentina. Causalidad. No casualidad.
Ilusiónense. No todo está perdido. Por momentos aparecen aquellos Superclásicos en los arranques de Rodrigo Mora, como aquellos punteros rápidos e insistentes. O también en la suela de Leandro Paredes, quién se calzó el traje de héroe un par de minutos y modificó la tapa de los diarios del lunes.
Bien. El fútbol es preocupante. Pero hay algo que es aún peor. Y que se juega afuera. En las tribunas. Aquí está lo que verdaderamente se convirtió en un Superclásico. En algo común y corriente: la violencia.
Pasa todo el tiempo. En todas las canchas. Son amos y señores del fútbol. Y hoy se convierten en protagonistas.  Ellos son las tapas de los diarios y temas de conversación. Los violentos. O los delincuentes. O los discriminadores. Llámelos como quiera.
Tal vez ustedes prefieran que hubiese entrado el remate de Trezeguét y no quedase evidenciada la malaria que tiene uno y sí la de otro. Pero esto dejó en claro una vez más que el fútbol es prueba y error. Que hay cosas que no tienen explicación. Lo que sí tiene explicación, y es hora de encontrarle una solución, es que los violentos y delincuentes gobiernan al fútbol. ¿Merece seguir llamándose fútbol? ¿Hacia dónde vamos?
Muertes, heridos, insultos, discriminación. Sí, ésto ya es un Superclásico en la Argentina…

lunes, 17 de septiembre de 2012

Desde Quilmes veía Las Vegas…


Hace varios años, Jack London, escritor y aficionado del boxeo, escribió su obra Por un bistec. Contaba la historia de Tom King,  un púgil ya maduro que debe ganar  un combate para poder alimentar a su familia. La pelea se da entre el viejo héroe y un joven con futuro. Los músculos de King representaban para él una carga, era de movimientos lentos y pesados. Sus cuarenta años de vida se le habían venido encima. Su rival, Sandel, estaba fresco. Era el de los músculos tonificados. Rápido y hábil. Tenía el futuro por delante. Era el espejo de lo que alguna vez fue King. Allí se enfrentaron la juventud, siempre bella y favorita, contra la experiencia. La juventud ganó.
Aquel final victorioso para la futura promesa, no salió de un cuento. Permaneció en el cerebro de Jack London. Porque el día sábado, por donde desfilaron los púgiles más grandes de la historia, la experiencia le dio una lección a la juventud.
Sergio Maravilla Martínez venció a Julio César Chávez Jr. Lo dejó más junior de lo que era.
Fue una pelea épica. De película. La que ningún guionista de Hollywood se hubiese imaginado jamás. El round número doce paralizó al corazón de más de cuarenta millones de argentinos. Martínez cumplió con lo que prometió: inflarle la cara a golpes. Era de película también que  Chávez sacara ese sablazo que casi lo deja fuera de combate. Se levantó y pegó. Recibió y pegó. Pego y recibió. Luego de la era Monzón,  fueron los treinta segundos finales más emocionantes en el boxeo argentino.
Maravilla no es el que se vio previo a la pelea con el mexicano. El argentino debió provocarlo. Tenía que ponerlo en ridículo. A Chávez le gusta ese juego de palabras, acusaciones  y entredichos. Los mexicanos compran el show. Los Yankees, también.
El nacido en Avellaneda se consagró campeón del mundo. Ahora debe ponerse a punto nuevamente para defender lo que le pertenece. El nacionalismo criollo se presentará donde sea que Martínez vuelva a pelear. Se lo ganó. Más de cincuenta puntos de rating lo corroboran.

Es la hora de quitarse el traje de Superman y volver a ser Clark Kent. De regresar a los zapatos brillosos, los lentes con marco negro, el peinado intachable y su sonrisa cargada de historias. Martínez mando al diablo al cuento de Jack London. Se espera que ahora no se acuerde solamente de los amigos del campeón. Quedan esperanzas de  que siga siendo él. El que atiende sus teléfonos, el que responde mails y habla con la gente, cómo Clark Kent…

martes, 4 de septiembre de 2012

Crisis en Independiente: mientras la billetera de muchos se ensancha y la pelota no entra, el club cae en picada hacia el abismo.


El Club Atlético Independiente es una víctima más de la incapacidad dirigencial que tienen muchos de los que hoy son los dueños del fútbol. La mala administración económica en tiempos pasados hace eco en su presente. La ineficacia de muchos, sumado al fino hilo de puntos que tiene, lo ubican a Independiente en una carrera contra el tiempo. El final, la segunda categoría del fútbol argentino.

La palabra crisis proviene del griego. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo. La crisis nos obliga a pensar, por tanto, produce análisis y reflexión.
Ésta palabra aqueja al fútbol argentino desde hace muchísimos años.  Se ha encargado, principalmente, de involucrarse en el ámbito económico poniéndose en la piel de muchas personas. Se hacen llamar dirigentes. Si recurrimos nuevamente al diccionario de la Real Academia española, el dirigente es una persona que manda, rige o guía a una persona, un grupo o una cosa. ¿Guiar? ¿Es esa la palabra adecuada? Los dirigentes del fútbol argentino son impresentables.
Dicen algo y hacen lo contrario. Son quienes deben guardar silencio con los árbitros y chillan como si fuesen fanáticos. Deben luchar contra los barras, y actúan como tales. Pactan con el poder, traicionan sus principios.
La dirigencia atenta contra la palabra proyecto. Es cierto que se ve obligado a la impaciencia social que cubre la realidad. Pero si ellos no son quienes tienen la mente fría ¿qué le queda al hincha ferviente que sigue a su equipo domingo a domingo?
La debacle económica que se produce en el fútbol (como el reciente caso de las triangulaciones y paraísos fiscales que se realiza hace tantos años pero que se profundiza hoy) recae directamente sobre el plano deportivo. El descenso llama a la crisis. Y la crisis, genera violencia.
Como en algún momento los cañones apuntaron a River, y también a San Lorenzo, hoy recaen sobre  el Club Atlético Independiente.
En Marzo de 2005, Andrés Ducatenzeiler dejó el cargo de presidente de Independiente luego de una polémica gestión. Asumió allá por 2002 en vísperas de un nuevo título para el club (el último en torneos locales), se fue tres años después siendo el apellido que marcó una de las peores gestiones en la historia. Al dejar el sillón presidencial, la deuda que registraba Independiente era de casi 50 millones de pesos, el doble de cuando asumió. El 90% de los socios del club calificaron como "pésima" a la gestión de Ducatenzeiler. Luego, llegó otro hombre que prometió tiempos felices. Nada de eso sucedió. Julio Comparada asumió en el año 2005 para quedarse seis arduos años en el cargo. Todo empeoró. Todo.
Comparada cometió uno de los errores más difíciles de revertir en el fútbol argentino: abrirle la puerta grande a los barras para que pasen, y decidan. La violencia se metió en los puestos de trabajo del club, en la política, en la venta de entradas, en la salida de técnicos.  Julio Comparada pensó que la solución para Independiente era traer un número inmenso de refuerzos. No lo era. Ni lo es. Diferentes técnicos, con distintos perfiles, desfilaron por la línea de cal del Libertadores de América para salir con una mancha en su currículum. Para tiempos de crisis, la palabra proyecto es la solución.

El mayor problema que rodea a Independiente es la institucionalización de sus barras. Comparada tuvo que lidiar con ese virus infectocontagioso que se expandió por las tribunas del fútbol argentino. Desde su asunción en 2005 hasta su salida del club en 2011, se destaca, entre sus acciones, la construcción de un nuevo estadio.
La creación del Libertadores de América atrajo, desde un principio, a oficialistas y detractores de la gestión Comparada. Era el sueño de todos los hinchas de Independiente. También la apuesta a las inferiores del club, tal como manda su historia, fueron un gran acierto en su gestión. Hoy, muchos de los que asomaban como grandes promesas tienen rodaje en el primer equipo. Casos son el de Fabián Monserrat, Francisco Pizzini, Leonel Galeano, Fernando Godoy, Patricio Vidal, entre otros.
También, durante su gesitón, arribaron al club jugadores que rindieron a la hora de ponerse la camiseta de Independiente.
En  2004, llegó Federico Insúa y Nicolás Frutos. En 2006 volvió Daniel Montenegro y contrataron a Germán Denis. En 2008 llegó al club Eduardo Tuzzio (actual capitán) y, en 2009, abrochó a Ignacio Piatti. Pero, a la hora del análisis, Julio Comparada termina siendo un apellido que daña a la historia del Club Atlético Independiente.
Su campaña desnudó económicamente a la institución. A la hora de accionar, decidió proteger bajo su ala a los barras. En lugar de excluirlos. Optó por asociarse a ellos. Como se dijo antes, Comparada institucionalizó a la barra.
Fue la Comisión Directiva de Julio la que permitió que en la Asamblea realizada en el 2010 los violentos se ubicaran en lugares estratégicos para hostigar a la oposición cuando esta criticara el balance. En Independiente, el “barra” participaba en la reventa de entradas, merchandising trucho y hasta cobraba porcentajes por la construcción del estadio. Los utilizaban como fuerza de choque. El popular Bebote Álvarez tiene amplias conexiones en el mundo sindical y político ya que tienen fuertes lazos con el Gremio de los Camioneros y la Fillial en Buenos Aires de la UOCRA, también trabajan para el kirchnerismo nacional y para la oposición provincial. Esta Barra, con zona liberada, pudo echar a un técnico como Mohamed. “Si ayer no hubieran estado en el vestuario, hoy estaría dirigiendo la práctica. Decidimos terminar con el vínculo en el club. Estoy agradecido a los jugadores, al buen hincha de Independiente, al que apoya constantemente, al que en la platea aplaude. El que nos acompañó en las alegrías y las tristezas, y no con esos que estuvieron anoche" anunciaba el Turco en la noche en que fue despedido del club.
Las promesas de un nuevo estadio, en eso quedaron. Independiente estrenó su estadio a medio terminar. “Para el 25 de noviembre van a estar terminadas las 2 cabeceras con los accesos prácticamente listos, los vestuarios, las 2 bocas del diablo del sector Erico, las otras 2 bocas a medio terminar. Sumado a esto diferentes accesos al estadio que se irán finalizando” había dicho Guillermo Muraca, Secretarío Administrativo de Independiente. Eso, nunca sucedió.
Por el club desfilaron una cantidad de técnicos, con distintos perfiles, que tuvieron que marcharse por la puerta de atrás. “Acá no se trata de un estilo futbolístico, sino de un cambio en el estilo de conducción. Lo que buscamos es que haya una línea que sea común a todas las divisiones del club" decía Menotti cuando expulsaba a Gallego de Independiente para imponer a Garnero. Desde 2005 hasta la fecha pasaron: César Luis Menotti, Jorge Burruchaga, Claudio Borghi, Julio César Falcioni, Antonio Mohamed, Daniel Garnero, Cristian Díaz, Américo Rubén Gallego, entre otros. Perfiles diferentes que le exigían a Independiente “romper el chanchito”. A la incorporación de directores técnicos, se le sumó la innecesaria llegada de jugadores. Más de 81 futbolistas llegaron al club desde la Era Comparada. Un promedio de 11 jugadores por año.
Hoy el club arrastra años de malaria. Julio dejó el sillón presidencial con un pasivo de $190.000.000. Aunque Cantero, el actual presidente, dice que la deuda ronda los $300.000.000.
En el plano deportivo, el equipo dirigido hoy por Américo Rubén Gallego debe sumar 60 puntos para salvarse del descenso. El Tolo es el hombre que se vistió de bombero en la institución de Avellaneda para vencer a la palabra tan temida: promedio. Aunque la vorágine y la impaciencia que se vive en el fútbol de éstos tiempos puede catapultarlo al exilio rápidamente. Y pasar así a la lista negra de técnicos culpables del descenso.
El mes de septiembre del año 2012 ha llegado e Independiente, desde el aspecto institucional, combate por eliminar  a los fantasmas que merodean el Libertadores de América. El presidente Cantero tiene como objetivo primordial erradicar a los violentos del fútbol argentino. Se interesa porque Independiente vuelva a tener un plantel con nombres de jerarquía. Como así también reducirlo, algo que obliga a dejar de pagarle sueldos a jugadores que ni siquiera caminan por Villa Domínico. Quiere cuidar el Patrimonio de Independiente y apostar a la educación. Ahora apareció Florencia Arietto, quién se postula para ayudar a Cantero en la lucha contra los barras.
Queda claro que las últimas gestiones que pasaron por Independiente atentan directamente contra la historia del club. Nunca hubo una intención de sanearlo. El que no corre, vuela dice una popular frase argentina. Hoy Independiente es un enfermo que agoniza. Aunque está a tiempo de levantarse.
En lo que se refiere a lo estrictamente deportivo, y que al fin y al cabo es la falta de puntos lo que hace a un equipo descender, Independiente está en la zona roja.
En caso de no obtener ese colchón de puntos requeridos, el equipo dirigido por Gallego dependerá de otros. La caída de San Martín de San Juan, Unión de Santa Fé y Atlético Rafaela pueden darle esa gota de aliento que necesita Independiente para volver a respirar. A eso se le puede sumar una caída, por ahora inimaginable, del equipo de Caruso Lombardi. Es muy difícil reponerse de ésta situación cuando se vienen haciendo las cosas mal desde el comienzo de siglo. En el fútbol, como en la vida, todo se paga. Es desalentador ver que un gigante como River haya caído. Esperanza saber que San Lorenzo se despertó del letargo.  
Dirigentes dañaron al club con más Copas Libertadores de América, pero Independiente jamás degustó el sabor del descenso. Es por eso que el gigante, aún puede levantarse...











lunes, 6 de agosto de 2012

Argentina y su escasez reflejada en medallas, la política de estado no acompaña al deporte olímpico.



Muchos se preguntarán ¿por qué Argentina se vuelve con las manos vacías? Otros prefieren agredir al atleta tildándolo de “pecho frío”. Pero las malas actuaciones van más allá de lo que se ve en el medallero olímpico.  Existen razones por las cuales los argentinos no se permiten ser una potencia mundial. Argentina tiene 66 medallas en 116 años de historia olímpica. No hay que dejar que se apague la llama, queda mucho por recorrer. 

Corría el 7 de agosto de 1948, la ciudad elegida para aquellos Juegos Olímpicos era justamente Londres.  La maratón que le colgaría la medalla de oro a algún soñador olímpico finalizaba en el mítico Estadio de Wembley. El belga Étienne Gailly era el líder indiscutido de la contienda y candidato al oro. Por allá, a lo lejos, asomaba un hombre de físico macizo y no muy alto. Con el pecho inflado y un andar regular, éste insospechado muchacho, superó al belga colocándose en la primera posición de la maratón. Ante 70 mil personas resultó ganador, con un tiempo de 2-34:51.6, 17 segundos por encima de su persecutor. Ese hombre era argentino, sí, aunque usted no lo crea. El ganador de la medalla de oro en maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 era el santafesino Delfo Cabrera.

Aquellos  Juegos, contextualmente diferente a los que hoy se disfrutan en Londres,  fueron los últimos en los que Argentina terminó con siete medallas olímpicas. Al oro de Cabrera, se les sumaron las medallas doradas obtenidas por los dos boxeadores argentinos Rafael Iglesias y Pascual Pérez. También supieron perder finales, porque Noemí Simonetto se llevó la plata en salto en largo, Carlos Díaz Sáenz Valiente en tiro y en yachting  también quedaron en el segundo lugar. Y para finalizar,  un bronce obtenido en boxeo, gracias a los puños de Mauro Cía. Siete medallas fueron el cociente.  Pero alguna vez,  por un corto lapso, Argentina fue un país olímpico.
Hoy, están lejos de ser lo que alguna vez fueron.  Lo mejor se vivió cuando nacieron los JJOO, pero ya no queda nadie que  pueda transmitir aquellas sensaciones. En los años del peronismo se apostó  a ser una nación competitiva. Se ideó un modelo de país que tenía los motivos suficientes para pelear codo a codo con los más grandes en este tipo de acontecimientos. Luego, cuando la dictadura abrazó y se adueñó de la  historia, desaparecieron. Pasaron los juegos de México, Munich, Montreal, Moscú y Los Ángeles. Argentina, poniendo todos esos Juegos dentro de una bolsa, sumó solamente 3 medallas; dos bronces y una de plata.  Cuando el siglo XX comenzó a formar parte de los libros y el año 2000 enseñaba los Juegos Olímpicos de Sidney, empezaron a recuperarse. Ya como un país abocado de lleno a las competiciones colectivas, como el fútbol, básquet o hockey. Apareció Luciana Aymar, Emmanuel Ginóbilli y Juan Román Riquelme. Pero lejos, muy lejos, quedaron Delfo Cabrera, Noemí Simonetto, Humberto Selvetti o Juan Carlos Zabala. ¿Por qué? ¿Por qué  no forma parte del ADN argentino ser un país olímpico?


Éstas son las razones por las cuales Argentina no obtiene medallas en los Juegos Olímpicos:



1-    La política de estado del país nunca apostó al deporte olímpico.

He aquí la razón más importante que explica el porqué de la escasez olímpica. Argentina, desde sus comienzos como país, nunca tuvo en cuenta al deporte olímpico como opción para progresar.  Cuando  se inició como estado, este proceso comenzó con la Revolución de Mayo y culminó con la sanción de la Constitución Nacional en 1853, no ha visto al deporte como sinónimo de educación.  Siempre han sido fanáticos fervorosos del fútbol, boxeo y automovilismo. De allí han surgido muchas leyendas vivientes como Diego Armando Maradona, Nicolino Locche o Juan Manuel Fangio, por las cuales siempre se ha tratado de que aparezca alguien que tome la posta y continúe con el legado. En cambio, deportes relacionados al atletismo han tenido un gran desarrollo, solamente, hasta 1956. En esos años, era el segundo deporte olímpico detrás del boxeo.  A partir de 1956, en adelante, todo cambió.  El atletismo se vio afectado por problemas políticos, falta de apoyo y la profesionalización del deporte en el resto del mundo. Desde allí hasta estos tiempos que corren, el atletismo se vive como algo amateur.
Por un corto tiempo, en épocas en la que el peronismo gobernaba el suelo argento, han sido un país olímpico. Fue Juan Domingo Perón quien incorporó a miles de niños y adolescentes a la actividad atlética, construyó escenarios deportivos y organizo torneos nacionales  e internacionales. Félix Frascara, periodista deportivo muy respetado en esa época, definió al accionar de Perón con las siguientes palabras: “(antes de Perón) los gobiernos se habían mantenido indiferentes ante el crecimiento de esta fuerza viva (el deporte) que estaba clamando una mayor atención, por un ordenado y estudiado encarrilamiento. . . Se vivía el deporte como en la belle époque, como en los tiempos del vals. . . Así lo encontró el peronismo. . . De lo que había sido el romanticismo pasamos a la lujuria del deporte. Quedó establecido el pacto: Perón le daba todo al deporte, y el deporte le daba todo a Perón”.
Una vez finiquitados los tiempos del peronismo, volvieron a perder la ilusión. La dictadura militar llegó y exterminó las ilusiones. Ejemplos son los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Los militares creían que varios deportistas argentinos se adherían a las ideas del peronismo y eran suspendidos por 99 años. Fue la primera vez en la que Argentina no se llevó una medalla de oro en un Juego Olímpico. También lo  es el Juego Olímpico de 1980 realizado en Moscú. El gobierno militar decidió adherirse a un boicot liderado por Estados Unidos y no participó de la cita olímpica. La generación del 80, a pesar de haberse esforzado por clasificarse, tuvo que subordinarse a los ideales soldadescos que se imponían en el país.
Argentina no ve al deporte como sinónimo de educación. En países que hoy son potencia en este tipo de acontecimientos, dichas actividades crecen a la par de las matemáticas, las  ciencias naturales o de la mismísima historia.


2-    No se cuenta con la infraestructura necesaria.

Al conocer que la política de estado nunca acompañó al deporte olímpico, la falta de infraestructura se hace inevitable. Como ha de saberse, los argentinos son fanáticos del  fútbol o el boxeo. Esto también tiene que ver con la simpleza de cada deporte. Para jugar al fútbol, se necesita de una pelota y dos arcos que pueden formarse hasta con piedras. Para boxear se requiere de dos pares de guantes y, también puede estar acompañado de un improvisado cuadrilátero. Pero para deportes como el Yachting, Atletismo, Triatlón, Tiro olímpico, Piragüismo y hasta el Ciclismo en pista se necesita de una infraestructura demasiado costosa.  Argentina no está preparada  para que sus atletas puedan entrenarse en un lugar adecuado y con los requerimientos necesarios para poder competir a la par de países desarrollados. Como se dijo, se dice y se dirá, Argentina es un país en vías de desarrollo.


3-    No existe una  preparación al deportista

Ésta razón va de la mano con la anterior. Casos son los que sobran. Fracasos, también.  El Enard negó la plata para las giras previas a Londres escudándose en lo sucedido en Guadalajara. Los que solamente pudieron tener una buena preparación, bancados por el Enard para participar en Londres, fueron Germán Lauro y Jennifer Dahlgren. Brian Toledo se preparó en Barcelona. Bárzola se entrenó en la sierra cerca de Granada y de ahí iba directamente a Londres. Peralta trabajó en Kenia. 
Un caso que emociona y llena de orgullo es el del judoca Emmanuel Lucenti, quién debió entrenarse sólo. El tucumano está hace ocho años sin entrenador. "Mis rivales venían de campos de preparación en Europa y yo de mi casa en Tucumán y sin embargo peleamos de igual a igual" contaba Lucenti. El dinero es una de las causas que perjudican al desarrollo de éste tipo de deportes, sino la más importante.
Los elementos que se necesitan para prepararse no se fabrican en el país (Jabalinas, bicicletas, garrochas, lanchas, étc). En la Aduana se retuvieron muchos de ellos y afectó directamente a la preparación de los deportistas. En éstos momentos se ve la cosecha en Londres 2012, de por sí muy pobre.

4-    No porta el gen olímpico en su ADN.

Hay una popular frase que dice que uno es esclavo de su pasado. Eso mismo ocurre en Argentina. No llevan en la sangre al deporte olímpico. No corre por sus venas. ¿Por qué?
Debemos recurrir, otra vez, a deportes como el fútbol, el boxeo o el básquet. En el deporte argentino, se busca utilizar a modo de espejo a algún ídolo popular que haya sido protagonista de algún éxito. En el fútbol, pasó con Maradona y pasa hoy con Messi. Del boxeo argentino han surgido grandes glorias como Nicolino Locche, Látigo Coggi, Carlos Monzón, Palma y como sucede hoy, salvando las distancias, con Maravilla Martínez.  
Al ser víctimas de las razones anteriormente explicadas, se hace  imposible portar el gen de la pasión.  Argentina no cuenta con una escuela de velocistas como Jamaica, no tiene una fábrica de nadadores como Estados Unidos ni tampoco un laboratorio de gimnastas como los países asiáticos. No tiene a un modelo de velocista como Jesse Owens, un nadador como Michel Phelps o judocas como el francés  David Douillet.
Por ahora, la pasión queda relegada para los deportes populares. Quizá algún día haya tiempos de gloria para un velocista o un nadador argentino.

5-    Las condiciones climáticas no ayudan.

Ésta es una de las razones de menor relevancia comparándola con las anteriores. No por ello pierde importancia. Si bien Argentina es un país que exhibe varios ecosistemas, las condiciones climáticas no colaboran para el desenvolvimiento del atletismo, deportes en aguas abiertas como el nado o el remo. El argentino es amante de los deportes de contacto. El fútbol, básquet, handball, hockey o boxeo son los deportes que lideran ésta contienda.  En general, el clima argentino predominante es el templado, aunque se extiende a un clima semitropical en el norte y un subpolar en el extremo sur de la Patagonia. Argentina no se destaca por ser un país caluroso. No es el caso de Jamaica, en el que el calor es protagonista en la mayor parte del año. De allí, surgen los mejores velocistas. Rechazan los deportes de contacto,  y para esquivar al calor, optan por los deportes solitarios, sin contacto con el rival. Estados Unidos es un país que también es víctima de las olas de frío. Es por eso que en el invierno es muy difícil practicar deportes nacionales como el béisbol o el fútbol americano. Debido a ello, trasladan sus actividades a un gimnasio. Allí convierten a nadadores en máquinas y a basquetbolistas en bestias. El clima también hace lo suyo en Argentina. Las condiciones climáticas, sumadas a la falta de elementos para el desarrollo del deporte olímpico, impiden el progreso.



La  problemática del deporte olímpico argentino va más allá de perder por centésimas de segundo, de no realizar bien esa última brazada o no controlar las anillas en la gimnasia artística. Se transita, desde ya hace tiempo, un problema político profundo, en el que el deporte paga el precio de los ideales y enfrentamientos políticos. No se cuenta con la infraestructura que se requiere para competir de igual a igual con las potencias. Desde el minuto cero, no se sembró en el gen argentino la pasión del deporte olímpico para recoger los frutos convertidos en medallas.

¿Posibilidades de cambio? Sí, las hay. Si se cambia  la política de estado, si no se    relega a la soledad a sus atletas, si se crean escenarios deportivos. Si se hace eso, y mucho más, habrá un cambio. Según cuentan, la gran camada de la delegación argentina se verá en los Juegos de Río de Janeiro 2016. El margen que separa a Londres de Río de Janeiro es ancho, ahora es el tiempo de accionar.

Se  puede soñar a lo grande. El argentino se destaca por tener ese amor propio que los distingue del mundo entero. Quizás en algunos años pueda parir a un Usain Bolt, Michael Phelps, Vitali Shervo o algún Javier Sotomayor que haya nacido en sus 2.780.400 Km2 de tierra. Mientras tanto, hay que apostar al cambio.




sábado, 28 de julio de 2012

Passarella, ególatra desde la cuna...


La salida de Cavenaghi y Domínguez no responde, solamente,  a un factor deportivo. Passarella eligió esta manera sutil, utilizando a su DT Matías Almeyda,  para  quitarse de encima a los dos ídolos de River. Era una excusa lógica la de su rendimiento, debido a que ambos no habían tenido la misma actuación en los últimos diez partidos comparándola con el arranque de la estadía de River en la segunda categoría. Cavenaghi terminó su primera etapa del torneo con 15 goles en 19 partidos  y concluyó  el campeonato con 19 tantos en los 38 partidos, pero relegado en el segundo tramo a una posición que le es incómoda debido a la llegada de Trezeguét. Mientras que Domínguez convirtió 5 goles, pero fue quien llevó las riendas del equipo en todo momento. Le toco jugar de enganche, segundo delantero, media punta y hasta volante. Ambos fueron protagonistas indiscutidos del ascenso y, más allá de una leve baja en su rendimiento, no fueron removidos únicamente por motivos futbolísticos.
El manto de ego perteneciente a Daniel Passarella es lo que cubre al “mundo River”. He allí el motivo principal de la salida de los ídolos del club, que como otros tantos, debieron irse “por la puerta de atrás”. Daniel Passarella no soporta que alguien adquiera mayor fama o halagos que él. Él, siempre él. Ésta actitud de dictador que sostiene Daniel Alberto Passarella se remonta a sus inicios. Ya a sus 22 años, cuando aún era un purrete, se peleó con el glorioso DT que tenía River en ese entonces, Angel Labruna. El  futuro Kaiser rechazó jugar en una posición que  no le era natural. Por aquellos años no contaba con la espalda suficiente como para remover a un director técnico.  Ya instalado como el gran defensor central que tuvo River, Daniel se encargó de limpiar del equipo al mítico Beto Alonso, obligándolo a irse a Vélez hasta que el nacido en  Chacabuco se vaya del club, esa fue la primera batalla ganada por el Kaiser.
Ya como DT de River, Daniel Alberto no tenía en cuenta al gran goleador Gabriel Omar Batistuta. En el Millonario lo utilizaba como al quinto delantero, luego trasladó ese problema al seleccionado nacional. El Bati decía: "No compartía su idea, porque para mí una persona no se mide por el pelo o por si usa aros, pero acepté sus reglas porque yo quería jugar en la selección. No creo que vuelva a encontrar un técnico que se preocupe más por mi pelo que por los goles que pueda convertir".
Ya remontándonos por éstos últimos años, Passarella se encargó también de despedir “por la puerta de atrás” a Marcelo Gallardo.  No lo tuvo en cuenta primero como entrenador, en 2006. Y también se encargó de arruinar su despedida del fútbol con la banda roja en el año 2010, cuando asumía la presidencia. El Muñeco dijo: “Me fui dos veces de River, una con él (Passarella) como técnico. Me dijo que iba a armar una base diferente. Y la segunda me fui con él como presidente. Así que veo muy lejano mi regreso a River mientras esté él ahí”. Borrando también de la lista de ídolos a Leonardo Astrada y Diego Buonanotte.
Una de sus “batallas” más importantes y con más ruido fue contra Ariel Ortega, el último gran número 10 que tuvo River. El Burrito, como consecuencia de su adicción, no podía recuperar el nivel de otros años. En lugar de ser ayudado, ya que transitaba sus últimos años como profesional, el Kaiser optó por mirar hacia otro lado. "Passarella se cree que es Dios y te trata como una basura” decía Ortega.
Hoy, el gran ególatra, decide terminar con el sueño de Cavenaghi y Domínguez.  Su ensañamiento con Fernando comenzó cuando decidió echarlo de un vestuario, mientras “cavegol” jugaba en Europa.  El Kaiser no quería que él regrese a la institución, pero se vio sometido al clamor popular, que exigía la vuelta del joven ídolo. Mientras que Domínguez, nunca lo sedujo a Passarella como futbolista y sumado a eso, era el Chori quién le pedía al presidente que le paguen a sus compañeros y refaccionen el club, debido a que varios no cobraban hace meses y los baños “parecían de clubes del ascenso”.
Jugadores como Villalva, Funes Mori o Vila no son más, en materia futbolística, que Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez. La inoperancia con la que se manejo éste asunto es vergonzosa. En River justifican la salida de ambos porque quieren un equipo más veloz y se lanzan con una oferta “ridícula” por Guti, el jugador español ídolo del Real Madrid. José María Gutiérrez Hernández tiene 35 años y no se caracteriza por ser un jugador “veloz”. A eso se le suma que no tiene actividad profesional desde 2011. En un campeonato de Primera División, la inexperiencia de Villalva, Funes Mori o Vila puede ser un arma de doble filo de la cual River no tiene escapatoria, porque no tendrá a sus referentes ni siquiera en el banco de los suplentes. La llegada de David Trezeguét influyó en el equipo solamente dentro del verde césped. Nunca existieron peleas entre ambos, o aquella supuesta actitud egoísta de Cavenaghi de no darle el balón a David. Fue simplemente un factor de juego que afectó directamente al que hasta ese entonces era el 9 de área de River, Fernando Cavenaghi. La inversión millonaria, el currículum exitoso y la innegable calidad que tiene David Trezeguét le exigían un lugar entre los 11 titulares. Es por eso que “Cave” se vio afectado y tuvo que jugar en una posición que le es ajena, recostado sobre alguno de los laterales del sector ofensivo.
Passarella se encargó de terminar con el sueño de un capitán como Cavenaghi, y de un exquisito jugador como Domínguez. Ahora es el turno de David Trezeguét, quién recibió la capitanía del equipo en la vuelta a Primera. Veremos cuánto dura  Trezeguét como ídolo inmaculado, antes de que aparezca el Kaiser y finiquite con ello. Daniel Alberto Passarella es quien lleva en su brazo derecho una cinta de capitán, que deja entrever una palabra que amenaza a la historia de un campeón: el EGO.

martes, 10 de julio de 2012

Un hombre con temple de acero, la perseverancia de un deportista que hará eco en la eternidad.



Roger Federer convence y contagia con su tenis a cualquier ser humano. Opta por el esfuerzo y la dedicación. Invita hasta al más detractor de su estilo a sentarse y disfrutarlo. Porta un juego elegante que trasciende y atraviesa épocas.


De la ciudad de Basilea surgió el que años más tarde iba a ser señalado como el mejor tenista de todos los tiempos. Hasta los catorce años divagó por el mundo del deporte sin un destino cierto. El fútbol y el hockey sobre hielo lo seducían, hasta que en 1995 su vida hizo un click. Eligió a la raqueta de tenis como compañera hasta el final de su vida deportiva.  Así, Roger comenzó a escribir la historia más rica del tenis.
Quizá Federer le deba su sencillez a que  creció en un entorno de ganaderos y agricultores, en las afueras de Basilea. El suizo no se siente a gusto entre ejecutivos con traje y maletín.  El talento siempre lo tuvo, pero hay algo que lo hace diferente al resto: su frialdad.  Es de esas pocas personas de las cuales es imposible percibir si están felices o no. Su rostro se mantiene impoluto antes, durante y después del partido.  Pero no siempre fue el Roger Federer que estamos acostumbrados a ver.
Cuando comenzó en el tenis tenía un carácter insoportable, tanto, que cuando entrenaba en los centros de alto rendimiento rompía una infinidad  de raquetas que lanzaba contra el suelo al fallar un golpe. En ese momento de su vida, cuando debía aprender la esencia del juego sin ser un profesional, y aspirando a serlo, apareció el técnico sueco Peter Lindgren. Éste fue quién pudo controlar su ira y comenzar a crear al monstro que es hoy Federer.

En 1998 debutó como profesional absoluto de la ATP en el puesto 803 y dos años más tarde comenzó a ascender hasta el top 100. Pero  “Rogelio” comenzó a construir el castillo de su imperio que aún no tiene techo,  en el All England, la catedral del tenis.  El Wimbledon de 2001 marcó un antes y un después en su vida.  Allí enfrentó a su ídolo, a quien hasta ese entonces era el mejor de todos los tiempos, Pete Sampras. El suizo venció a su referente  tras más de tres horas por  7-6(7), 5-7, 6-4, 6-7 (2), 7-5. Su estilo de juego ha hecho que siempre pertenezca a la elite, que nunca abandone el top ten del ranking.
Especialistas en tenis, estadistas y, por qué no también, amantes de éste deporte desde el sillón de su casa, afirman que el modo de juego de Roger Federer se asimila al de otras épocas. Su juego lento se equipara al de antes, en el cuál no importaba tanto la velocidad como la técnica. Es especial, más elegante y menos vertiginoso. Lo hace desde la línea de fondo, y sólo se acerca a la red a la hora de cerrar partidos. Estamos en condiciones de comparar al nacido en Basilea con un maestro. Puede arrancar perdiendo, pero con Federer en cancha uno sabe que no debe moverse de la platea o  del televisor. Uno conoce de su perseverancia, que no lo ha abandonado jamás, que lo ha hecho resurgir de las cenizas como a un ave fénix. Roger siempre dice “Me gusta jugar contra tipos que me han derrotado al principio de mi carrera. Creo que será interesante ver cómo ambos hemos mejorado”.
Los amantes de otros estilos de juego como el de Nadal o Djokovic ya no saben que récord inventar, porque él siempre está ahí. Para quebrar cualquier tipo de pronóstico, para derrumbar especulaciones, para demostrar quién es Roger Federer. El “relojito suizo” es  el jugador con más Grand Slams (17), el jugador con más finales de Gran Slam (24), el que más victorias tiene en Grand Slam (244), el de más títulos del torneo Masters (6), el que más ganancias económicas tiene en todos los tiempos (72.9 millones dólares), el que más semanas seguidas ha sido el número uno del mundo (237). 88 récords tendríamos que enumerar para demostrar estadísticamente porque es el mejor de todos los tiempos.  
Con todas estas condecoraciones encima y el reconocimiento eterno por ser un verdadero maestro, sería aún más conmovedor que Roger rompa alguna vez con el protocolo de Señor y deje, por ejemplo, que sus dos pequeñas niñas invadan la cancha al consagrarse campeón de un torneo. Quizás esa distancia y frialdad que imponen los helvéticos ante los medios la guarden para casa.

Hoy, a los 30 años, conserva el mismo espíritu de juego que tenía cuando eligió tomar el mango de la raqueta con su mano derecha para inmortalizarse en cada slice convertido, en cada ace acertado.  Siempre ha sido competitivo, siempre humilde en las eras de Nadal y en la breve estancia de Djokovic como el mejor.  Lamentablemente,  es de carne y hueso.  De lo contrario podríamos verlo lucirse en una cancha de tenis hasta quién sabe qué edad.  Seamos devotos de estos tiempos, porque usted y yo hemos visto jugar a la leyenda viviente, hemos visto jugar a Roger Federer

jueves, 28 de junio de 2012

“El espectro mediático argentino está dividido: o estás de un lado o del otro”.


HABLA WALTER SAFARIÁN: CON LA  EXPERIENCIA COMO ARMA.

Walter Safarián, poco a poco, se ha ido instalando en el periodismo actual. En esta nota nos muestra su parecer ante la disputa que se genera entre periodistas. Opina del periodismo objetivo y subjetivo. También cuenta su anhelo de ser dueño de una radio y habla de su relación con Fernando Niembro.



Una tarde común y corriente pasaba por las puerta de Radio 9, allí estábamos esperando a que Walter finalizara su programa “Las voces del fútbol”, a las 15:00 hs. Con la compañía de un sol invernal y la ausencia del frío esperamos a Walter hasta las 15:30 hs, tiempo en que salió para concedernos la entrevista. Luego de saludarnos amablemente y haber puesto su tiempo a nuestra disposición comenzamos la entrevista con Walter Safarián.


- Walter ¿existe una guerra de ideologías entre periodistas?

-           No… yo no lo veo de esa manera, hay gente que piensa de manera diferente y está bien. En la medida en la que no haya faltas de respeto y no haya descalificación el hecho de pensar distinto es bienvenido. Te permite debatir, discutir. Siempre el debate y la discusión son bienvenidas. Insisto, en la medida en la que no haya faltas de respeto o descalificación.

-          Vos decís que no es una guerra de ideologías, entonces, ¿es una disputa por vanidad y poder o realmente se discute un modelo de país?

-          No. Lo que sí está claro es que como no había ocurrido en otros tiempos de democracia, hoy sí hay más periodismo que tiene que ver con el hecho de estar enrolado detrás de una idea, pero nada más. Mirá, cuando Alfonsín era presidente, el que no estaba de acuerdo planteaba su estrategia y su modelo. En la época de Menem era exactamente lo mismo. Si vos venís para acá, en la época de Duhalde, en el primer tiempo de Kirchner o ahora con Cristina pasa exactamente lo mismo. Siempre, mediáticamente, dio más resultado y más frutos ser opositor. Mejor dicho, plantarse en la vereda de la oposición porque dicen que es más creíble. Sin nombrarlos, muchos de los medios más importantes de la Argentina han crecido hasta publicitariamente parándose en la vereda de enfrente.  Pero bueno, esas son estrategias empresariales y editoriales que van más allá del periodista. Yo puedo tener una idea, pero si quien baja una línea periodística está enrolado de una manera o el medio piensa tal cosa hay dos caminos: o acepto las reglas del juego o me tengo que ir.

-          ¿Hay periodismo objetivo y subjetivo?

-          Sí, tenés que ser subjetivo. La objetividad la tenés que medir en todo tipo de comentarios que hagas, pero si vos decís: esto es lindo, ya estás subjetivando. La opinión vos no la podés hipotecar, es de cada uno. Volvemos a lo que yo te decía en el arranque,  en la medida en la que vos no descalifiques y no le faltes el respeto al otro, tu opinión siempre es válida. Podemos estar de acuerdo o no, muchos de mis amigos no piensan como yo y yo no pienso como ellos. Hablamos de fútbol o de política y no nos faltamos el respeto,  seguimos siendo amigos y nos reímos cada vez que nos encontramos.

-          Y en lo que se relaciona con el manejo de la información o las formas de comunicarse ¿el periodismo en la Argentina se comporta como debería?

-          En algunos casos si, en algunos casos no. Lo que pasa es que es muy difícil de explicar sin dar nombres. Hoy por ejemplo,  está muy claro que el espectro mediático argentino está dividido: o estás de un lado o del otro. No hay nadie que vaya por el medio. Si bien a mí no me gustan los grises, las situaciones son blancas o negras. Me parece que lo que se ha armado es una situación de hacer periodismo de periodistas. Ya no se contestan métodos o formas, ni planteos políticos. Sino que ahora lo que se hace es contestarle a periodistas  porque escribieron una columna en el diario o porque hicieron tal o cual cosa en un programa  de radio o televisión. A mí, por lo menos, no me gusta.  Pero es la Argentina en la que vivimos y no tenemos escapatoria. A mí el periodismo me gusta de otra manera, pero lamentablemente vamos camino a esto. Y la gente, da la sensación, que está mas de acuerdo con esto aunque a mí no me guste. Lo que  no me gusta es cuando se trabaja o se dice las cosas con odio.

Antes de continuar con la charla, Walter nos pidió que nos corramos porque el sol vespertino golpeaba de lleno sus ojos. Una vez ubicados y custodiados por la sombra continuamos con la entrevista.

-          En cuanto a tu carrera y lo relacionado con las entrevistas ¿Cuál fue el personaje más importante que te tocó entrevistar? 

-          No sé, tendría que pensar cuál fue la nota más linda. Es que son muchos años, yo tuve la suerte de haber cubierto un montón de eventos importantes, de haber entrevistado a tipos que muchos ven por televisión. Entonces yo no sé si el día que me senté con Beckenbauer  a entrevistarlo era la nota de mi vida. O si cuando recién empecé e iba a las canchas del ascenso hace 25 años  esas no eran las notas del momento para mí y creía que nunca las iba a superar. Es cuestión de cada uno, no tiene porque ser una gran nota un gran personaje. A mi muchas veces me cuesta romper el hielo con mis amigos, o con los tipos que tengo mucha relación porque los conozco demasiado. Y tener que entrarles por lugares por los que no quiero. Pero bueno, es parte de este juego. Muchas veces tenés que hasta criticar a gente con la que tenés una relación de amistad o profesional. Ellos tienen que entender que son las reglas del juego y que si uno los critica no es porque dejo de tenerle afecto o dejo de tener esa buena relación, es porque cometieron errores, nada más que por eso.

-          ¿Te queda algún sueño por cumplir como periodista?

-          Siempre hay sueños por cumplir. A mí me encantaría trabajar en la BBC, en la CNN. Sueños tengo miles, me gustaría ser dueño de una radio. Me gustaría ser el dueño de una radio deportiva, ello no significa que lo vaya a cumplir eh.

-          Y para terminar la nota ¿Qué es trabajar al lado de Fernando Niembro desde hace tantos años?

-          Lo que pasa es que yo con Fernando tengo una relación muy especial. Yo trabajo con él desde el año noventa. Entonces, yo a él no lo veo como a un compañero más de trabajo, compartimos  otras cosas. Situaciones de la vida privada, entonces es muy complicado. En definitiva el actúa muchas veces como si fuese mi papá y yo como si fuese su hijo. Nos conocemos mucho, mirándonos sabemos lo que piensa uno del otro. Ya cuando hablamos por teléfono a la mañana y él me dice: “buen día” o yo le digo: “hola” sabemos cómo estamos de ánimos. Tenemos una relación que va mucho más allá del hecho de estar un par de horas sentados acá, que cada uno se vaya para su casa y nos vemos al día siguiente. Hemos recorrido el mundo juntos, hemos trabajado desde hace veintidós años en radio de manera ininterrumpida. Desde el año noventa y uno  que trabajamos juntos en televisión. En el viejo canal 9, en Torneos y Competencias y  en Telefé. Desde el noventa y cinco que hacemos Fox Sports. Hacemos una buena pareja, nos llevamos bien. Por ahora las cosas salen como tienen que salir, más allá de que de vez en cuando él se cabreé conmigo o yo con él, pero termina el programa y nos vamos a comer, todo queda ahí.

Todo queda ahí. El periodista que comenzó como aprendiz de Niembro y hoy se convirtió en un gran profesional sabe separar las cosas. Más allá de conocer  lo que sucede en el mundo del periodismo, Walter sabe que hay cosas que terminan cuando la luz roja se apaga y ya no están al aire. Hoy, gracias a su sacrificio y constancia se convirtió en el dueño de la anteúltima palabra, porque la última ya sabemos a quién pertenece. Pero esa, es otra historia…

jueves, 24 de mayo de 2012

David Trezeguét, la faceta que no se ve de un delantero en extinción.


 Por Sebastián Ojeda, 2do B.


En la historia siempre se recuerda a clubes y jugadores por sus títulos o hazañas conseguidas. Éste no es el caso de un hombre que más allá de sus logros individuales y colectivos  muestra una cara diferente en su envidiable repertorio.
Su nombre es  David Sergio Trezeguét, nacido en Francia y criado en su infancia y adolescencia en Argentina.
Hay algo que diferencia a David de los demás jugadores consagrados mundialmente, tiene un fuerte lazo con la segunda categoría del fútbol. Su historia con ésta apasionante divisional da comienzo allá por el año 2006, cuando le tocó descender a la Serie B con la Juventus de Italia. Allí, el nacido en Ruan, comenzó a mostrar una actitud positiva para con su club y el desgraciado momento que transitaba en su gloriosa historia. Quizá esa postura erguida que exhibe dentro de una cancha tenga que ver con su voluntad de ir siempre hacia adelante y con la frente en alto ante la adversidad. Fue la figura de su equipo, marcó 15 goles en 32 partidos disputados en la temporada: la Vecchia Signora arrasó y ascendió  a la Serie A. En esta ocasión, Trezeguét descendió al infierno por obligación.  Más allá de su valentía, David podría haber emigrado hacia algún club poderoso que requería de sus servicios, como por ejemplo Manchester United, Lyon, Roma o el poderoso Barcelona. De esta forma, su carrera hubiese  sido mucho más exitosa y valorizada a nivel mundial.
En 2010, el jugador con temple de acero llegó a las filas del Hércules, equipo español. Como la rutilante figura del equipo de Alicante, David luchó por mantener la categoría hasta el final. 12 goles fueron el cociente de sus actuaciones, pero el equipo perdió la categoría. Allá, en Europa, había guardado su segundo nombre en el inconsciente para mostrarse como David Trezeguét: el jugador francés. De allí sacó su elegancia a la hora de moverse en el área,  tratar al balón y definir como un duque del viejo continente. Otra vez, volvió a destacarse su buena predisposición para volver al infierno y lograr el ascenso en la segunda categoría.  Lastimosamente, las autoridades del club lo invitaron a buscarse otro equipo, y David fue en busca de otra aventura: su destino, Emiratos Árabes Unidos.
Su paso por el fútbol de los petro-dólares le duraría apenas dos partidos. El destino le tendría preparado al rey David otra jugarreta, de esas que a él le gustan.  El descendido River Plate quería vestirlo con la banda roja al nacido en Francia. Ésta vez, Trezeguét decidió bajar al infierno por gusto, ya conocía de éstos acontecimientos.
Rápidamente se sumó al equipo de sus amores y ya suma 12 goles en 16 encuentros disputados. Nada tardó en enamorar a la hinchada millonaria. Los aficionados, en doce ocasiones vieron lucir a Trezeguét esa inconfundible sonrisa que contagia al mundo del fútbol. Siente cada gol como si fuese el último, se asemeja a aquél joven que debutó en Platense (y tenía pelo) y soñaba con, algún día, jugar en River. A la hora de declarar deslumbra con su inteligencia y cultura aprehendida  en el Primer Mundo.
La vida futbolística de Trezeguét está muy ligada a la segunda categoría, tal es así que su promedio de gol en la divisional es mayor aún que en la primera división. El promedio es de 0,57 en la B contra un 0,54 en la primera A.  David reúne en 190 centímetros el porte y la elegancia de un centrodelantero sublime. En el verde césped resulta muy dificultoso marcarlo debido a su inteligencia y experiencia en el mundo del fútbol.
Al atributo de delantero en extinción no se lo relaciona, solamente, con su rendimiento deportivo. Más allá de su campeonato mundial obtenido en Francia ´98, su título de Capocannoniere con Juventus o de los 255 goles que tiene en su carrera a David se le atribuye el término de delantero en extinción por otro motivo: la actitud.
 Allá por 2006 no abandonó a su equipo en Italia, teniendo la oportunidad de emigrar hacia un futuro mejor. Cuando le tocó descender en España, más allá de que no se haya visto al mejor Trezeguét en versión futbolística, tuvo una buena predisposición para quedarse y  volver a lograr el ascenso. Hoy, en River, elige hacer docencia. Resurgió del inconsciente su segundo nombre y hoy es David Sergio. Regresó al fútbol que lo vio nacer, más allá de la realidad económica y financiera a la que se había acostumbrado. El delantero eligió éste escenario, con la cruda realidad que envuelve al país, pero con el inacabable amor propio del hincha que le gusta el fútbol y alienta a su equipo hasta el último segundo.
David Trezeguét sabe de triunfos y hazañas, pero también conoce de cerca a la otra cara del fútbol: el infierno, como le dicen algunos  o a la apasionante y fervorosa  segunda división.

jueves, 10 de mayo de 2012

Sergio Martínez maravilla al mundo, la historia de un boxeador que luce dos personalidades.


Cuando un deportista, según la mirada de una sociedad, alcanza a convertirse en un ejemplo para el resto de los practicantes de cualquier otro deporte, quiere decir, que algo está funcionando muy bien. Éste es el caso del argentino Sergio Gabriel Martínez, nacido en Avellaneda pero criado en Claypole. Sacrificio y humildad son la insignia de un boxeador que deja vislumbrar dos personalidades.
En primer lugar como solemos verlo en Las Vegas, en un ring de boxeo. Sólo en el cuadrilátero pero acompañado por toda la gente que le enseñó a ser un campeón. Allí se presenta con el pelo mojado, el bucal que le ensancha la mandíbula y su torso desnudo y tallado, como el de un animal sediento. En su bíceps izquierdo deja lucir a su dragón que lo acompaña desde un principio, en las buenas y en las malas. Destella los típicos guantes negros y el pantalón con el sello más importante de su vida, su apellido. Ni los flashes de la fama ni nada parecen incomodarlo. Sergio tiene eso que caracteriza al argentino, nunca se olvidan de su tierra ni de su gente. No esconde haber sido techista, soldador, haber bailado en una discoteca, portero ni tener que haber pedido monedas en la iglesia, todo eso lo llevo a donde está y de allí no se quiere mover. Llegó a Madrid con u$s 1800 y hoy es dueño de millones y millones. No dejó en el olvido al hombre que lo salvó en España cuando lo había perdido todo, hoy es su amigo y entrenador y, por esas jugadas del destino, su nombre es Pablo Salvador. La clave está en el sacrificio y el hambre de gloria. Supo aprovechar las oportunidades que le presentó la vida, aquella pelea en Manchester significó un antes y un después en su vida profesional y/o personal. Caer rendido ante los pies de su padre lo hizo recordar todo lo que había vivido para llegar allí. Sergio se puso de pie y knockeó en el último round al inglés Richard Williams para ser primera plana de los diarios del mundo y poder dar a conocer la historia de un ganador. Su mirada esconde, en el cuadrilátero, el fuego sagrado que caracteriza a los campeones. No se conforma con ser el número tres del mundo, sino que desea profundamente comerle el hígado a Mayweather y Pacquiao para ser el único rey.
Maravilla está rodeado constantemente por personas que quieren ser “amigos del campeón” y él, consciente de esto, deja que éstos amantes de los flashes y el dinero lo rodeen porque los hace felices. Pero, interiormente, conoce que estos hombres están cuando uno es protagonista y luego se borran como cucarachas. Antes de entrar a una pelea es aguerrido, agresivo y no le teme a nada y cuando tiene que salir de ella llora en la ducha cuarenta minutos y duerme en forma de ovillo para desahogarse.
Debajo del ring, reluce otra estética totalmente diferente. Usa unos anteojos negros con marco grueso, pelo arreglado, irradia una dentadura perfectamente blanca y siempre se lo ve de traje. Siempre sonríe, aunque esté cansado, es amable y se preocupa por la combinación de su ropa. Sostiene los rasgos cotidianos que lo hicieron querible en sus inicios: el gesto escrupuloso, el saludo cordial, la sonrisa pícara, el autógrafo fácil y la humildad de un trabajador.
Pero hay algo que cambia cuando se quita los guantes y las vendas, su mirada. Ya no tiene la mirada de un animal carnívoro a punto de hacerse con su última presa, sino que resplandecen unos ojos verdes cargados de una historia de vida. Sergio Martínez hace docencia con ella y deja en claro que por más que se haya convertido en un magnate no despilfarra su dinero, no desperdicia su sacrificio. Su vida no es la de un “campeón” del box, la vida para Maravilla está en su casa y con sus cosas. Nunca lo verán tomarse un avión privado para ir a desayunar a París o comprarse quince smokings iguales, para él las medialunas de la ciudad parisina son iguales a las de Nueva York o a las de Claypole. Su verdadero campeonato mundial no es aquel que obtuvo en Atlantic City ni el que consiguió en California, el verdadero campeonato mundial para éste argentino es haberle comprado una casa a su madre y a sus hermanos, ser portador del apellido Martínez.
Dejar el colegio a los trece años, trabajar desde muy joven, irse a probar suerte a España, pedir comida en la iglesia, dar clases en un gimnasio, pelear en Las Vegas, comprarle una casa a su familia, ser campeón mediano de la Organización Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial y 53 peleas disputadas con 49 victorias lo convierte a Sergio Martínez en un campeón de la vida.